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Reseña: El orfebre de Ramón Campos

Barcelona, finales del siglo xix. Un joven de diecisiete años trabaja en el taller de orfebrería de su padre. Instruido en el oficio desde niño, le espera un prometedor futuro en la talla de piedras preciosas. Pero su vida experimenta un vuelco cuando conoce a Isabel, la hija de un aristócrata venido a menos que anuncia que concederá la mano de su hija a quien le ofrezca el diamante más grande que jamás se haya visto.

¿Qué nos ha gustado? 
- Recuperando lo mejor: El orfebre es una novela de aventuras con mayúsculas que combina dosis de acción, romance y maduración. Mientras leíamos nos recordó mucho a los clásicos de nuestra infancia (esas novelas inolvidables de Emilio Salgari) y es que, en efecto, Ramón Campos sigue de cerca esos pasos, la de las novelas clásicas de aventuras, con todos los ingredientes necesarios incluidos. Una lectura muy recomendable, sobre todo si eres de los que disfruta viviendo mil y una pericias.
- Visto y no visto: con poco más de 300 páginas, El orfebre es una novela que se lee en un suspiro. El ritmo frenético de la trama, unido a la prosa fluida de Campos, hace que la lectura sea vista y no vista, sin tiempo para el aburrimiento.
- Entre diamantes: otro detalle interesante de El orfebre es el complejo mundo de la joyería en la que se mueve el protagonista. Diamantes y piedras preciosas acompañarán nuestra lectura, con pinceladas de instrucción moderada que lejos de restar valor a la historia, la aumentan.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Los mismos de siempreEl orfebre nos ha encantado. Aunque tenemos que reconocer que el elenco no podría ser más estereotipado. Desde el protagonista hasta el temido antagonista siguen los patrones y comportamientos esperados.

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