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Reseña: El monasterio de Luis Zueco

El silencio oculta la verdad. Pero hasta las mejores mentiras terminan por descubrirse. El monasterio de Santa María de Veruela aspiraba a ser una ciudad celeste, un fiel reflejo del reino de los cielos, pero lo cierto es que lo habitaban simples mortales. Sus muros fueron testigos de historias de ambición, traición y venganza. Y también de amor, sexo y... muerte. En las mágicas y misteriosas tierras del Moncayo se asienta uno de los monasterios cistercienses más bellos del mundo. En el siglo XIV es escenario de una cruenta guerra entre las coronas de Castilla y Aragón, y hasta allí llega el joven Bizén con una misión que cumplir: recuperar los restos que yacen en una de sus tumbas, algo a lo que el abad se niega por misteriosas razones.

¿Qué nos ha gustado? 
Entre caballeros y doncellas: al igual que ocurrió en El Castillo, en El monasterio Luis Zueco vuelve a demostrarnos su habilidad para dominar el género histórico. El entorno medieval que rodea la trama está perfectamente reconstruido por el autor, recogiendo la vida cotidiana con todo lujo de detalle. Especial interés tiene el retrato que Zueco hace del Cister y la influencia que tuvo en la vida diaria de la sociedad de la Edad Media.
- Vaya final: aunque más adelante hablaremos del ritmo de la novela, tenemos que mencionar, como uno de los elementos más destacados del libro, el final. La última parte adquiere un toque más thrilleriano que remonta la trama y nos mantiene en tensión hasta el último suspiro.
- Dentro del monasterio: aunque al principio el elenco resulta un poco confuso debido al gran número de monjes que aparecen de golpe, Zueco juega muy bien con sus personalidades, dotando a cada uno de ellos de características y rasgos únicos lo que hace que al final todos ganen la simpatía del lector y doten de tridimensionalidad a la historia.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Irregular: a pesar del magnífico arranque que tiene El monasterio y el espectacular final que hemos comentado antes, el ritmo de la novela es bastante irregular. Hacia la mitad el empuje inicial va desapareciendo y la velocidad de la trama se ralentiza lo que hace que la novela se vuelva más pesada de lo que fue El castillo.

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