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Reseña: La cocinera de Castamar de Fernando J. Múñez

Clara, una joven caída en desgracia, sufre de agorafobia desde que perdió a su padre de forma repentina. Gracias a su prodigiosa cocina logra acceder al ducado de Castamar como oficial, trastocando con su llegada el apático mundo de don Diego, el duque. Este, desde que perdió a su esposa en un accidente, vive aislado en su gran mansión rodeado del servicio. Clara descubrirá pronto que la calma que rodea la hacienda es el preludio de una tormenta devastadora cuyo centro será Castamar, su señor y ella misma.

¿Qué nos ha gustado? 
- Bienvenidos a palacio: el poder descriptivo de Fernando J. Múñez es uno de los detalles más destacados de La cocinera de Castamar. La manera sutil y bella que tiene el autor de describir la mansión y la vida cotidiana de la casa así como el contexto histórico -la España de principios del siglo XVIII- es excepcional, el elemento que nos permite meternos en la historia de lleno y vivirla con más intensidad.
- ClasicismoLa cocinera de Castamar es una de esas novelas con aires clásicos que nos hacen rememorar tiempos pasados pero desde un prisma de elegancia literaria. Encierra romance, misterio, venganzas y envidias que hacen de la trama un universo complejo de líneas y sublíneas que nos ha gustado muchísimo y que nos ha recordado a las mejores novelas de Kate Morton.
- Riqueza personal: otro detalle a destacar de La cocinera de Castamar son los personajes. Sobresaliente la caracterización que Múñez hace de cada figura, protagonistas, antagonistas y secundarios, a cada cual más carismático. Mención especial merecen Clara y doña Úrsula, dos personajes que iluminan la novela desde los primeros compases.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Lento: la contemplación por los detalles y la descripción hacen que el ritmo de La cocinera de Castamar no sea muy rápido lo que puede aburrir a algunos lectores más impacientes.

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