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Reseña: Las hijas de la villa de las telas de Anne Jacobs

Augsburgo, 1916. La mansión de la familia Melzer pasa a ser, por necesidad, un hospital militar. Las hijas de la casa, ayudadas por el servicio, se convierten en enfermeras que curan, cuidan y escuchan a los heridos en combate. Entretanto, Marie, la joven esposa de Paul Melzer, se hace cargo de la fábrica de telas en ausencia de su marido. Sin embargo, recibe una terrible noticia: su cuñado ha caído en el frente y Paul es ahora un prisionero de guerra. Marie se niega a que las circunstancias la venzan y lucha con todas sus fuerzas por preservar el patrimonio familiar. Pero, mientras no pierde la esperanza de volver a ver a Paul con vida y se deja la piel en la fábrica, el elegante Ernst von Klippstein aparece en la puerta de la mansión, empeñado en no perder de vista a la joven y bella mujer que tiene entre sus capaces manos el destino de la familia Melzer.

¿Qué nos ha gustado?
- Herederas: La villa de las telas nos encantó y, por suerte, su sucesora está a la altura. Una novela de superación, amor y maduración personal que juega con algunas notas de suspense para mantenernos atentos. Trama bien construida, con un ritmo sostenido y en ascenso que Anne Jacobs maneja a la perfección para atrapar al lector.
- El amor que no falte: más allá del trasfondo histórico, Las hijas de la villa de las telas es una novela romántica de las que nos gusta. Amores imposibles pero intensos que nos han dejado momentos épicos y muy tiernos, sin caer en pasteladas innecesarias.
- Entre vosotros anda el juego: la ambientación y los personajes son los dos pilares fundamentales de esta novela. La reconstrucción histórica consigue meternos de lleno en el pasado como ya ocurrió en La villa de las telas. Por su parte, el elenco es una verdadera joya, con unas figuras femeninas que deslumbran desde los primeros compases del libro y que nos han cautivado tanto o más que Marie.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Sin grandes alardes: el final de Las hijas de la villa de las telas peca de la misma previsibilidad que La villa de las telas. No hay grandes sorpresas y el empeño de la autora por engancharnos a la siguiente entrega lastra bastante el broche final del libro.

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