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Reseña: Los perros duros no bailan de Arturo Pérez-Reverte

Hace días que en el Abrevadero de Margot, donde se reúnen los chuchos del barrio, nada se sabe de Teo y de Boris el Guapo. Sus colegas presienten que detrás de su desaparición hay algo oscuro, siniestro, que los mantiene alerta. Lo ocurrido no puede ser nada bueno; lo sospechan todos y lo sabe su amigo el Negro, luchador retirado con cicatrices en el hocico y en la memoria. Para él es cuestión de instinto, de experiencia sobreviviendo en las situaciones más difíciles. Eso lo lleva a emprender un peligroso viaje al pasado, en busca de sus amigos.

¿Qué nos ha gustado? 
- Concepto interesante: Los perros duros no bailan es un libro original y descarado como solo Arturo Pérez-Reverte podría haber escrito. Un thriller, duro y tierno a la vez, que consigue despertar todos nuestros sentimientos –a veces el humor más negro, otras la tristeza más profunda– y sorprendernos en cada página por lo profundo de la trama y la brillantez del concepto literario. Es increíble la capacidad que tiene el autor de reinventarse a sí mismo después de 30 años en el mundo editorial.
- Para aprender: más allá del thriller que rodea la trama, Los perros duros no bailan es una novela que muchas personas tendrían que leer. El mensaje subyacente que deja Pérez-Reverte, sobre el maltrato animal, la falta de responsabilidad y los abandonos de animales, cala en el lector y nos da muchas lecciones vitales que nunca deberíamos olvidar.
- El sucesor del Capitán: en cierto modo, Negro, el protagonista de Los perros duros no bailan, recuerda al mejor Alatriste, especialmente en la forma de ser y de actuar que tiene el personaje. Sin embargo, lejos de resultar una copia descarada, Negro consigue equipararse a su célebre antecesor sin llegar a suplantarle. Un digno sucesor que nos ha enamorado desde el minuto uno.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Ligeramente desdibujadosLos perros duros no bailan es una novela muy breve, con una extensión que no supera las 170 páginas. Esta brevedad impide en cierto modo que el autor desarrolle, con todo lujo de detalle y tridimensionalidad, la personalidad de los personajes y algunos de ellos, sobre todo los secundarios, quedan un poquito desdibujados.

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