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Reseña: El hombre que perseguía su sombra de David Lagercrantz

Lisbeth Salander está cumpliendo condena en la cárcel de Flodberga, en la que intenta a toda costa evitar cualquier tipo de conflicto con el resto de las presas. Pero en el momento en el que Lisbeth se convierte en la protectora de la joven de Bangladesh que ocupa la celda vecina, la peligrosa líder de las internas la coloca en su punto de mira. Holger Palmgren visita a Lisbeth y le explica que ha recibido una serie de documentos que contienen información relativa a los abusos que sufrió ella en su infancia. Salander acude a Mikael Blomkvist y ambos emprenden una investigación que puede sacar a la luz uno de los experimentos más atroces auspiciado por el Gobierno sueco en los años ochenta. Los indicios los llevan hasta Leo Manheimer, socio en la financiera Alfred Ögren, con quien Lisbeth comparte mucho más de lo que creen.

¿Qué nos ha gustado? 
- Buen intento: aunque como veremos más adelante El hombre que perseguía su sombra no es una novela sobresaliente, hay que reconocer que David Lagercrantz se ha esforzado para mantener la historia y los personajes creados por Stieg Larrson. Aporta así su granito de arena a la supervivencia de esta saga que, de otra forma, estaría fracasada al olvido.

¿Qué no nos ha gustado? 
- No es lo mismo: todos aquellos lectores que esperan que El hombre que perseguía su sombra sea igual que los primeros libros de la saga Millennium, se llevarán una decepción. Lagercrantz ha hecho un buen trabajo (mejor incluso que en Lo que no te mata te hace más fuerte) pero no llega, ni de lejos a la calidad, el misterio y la profundidad de los libros de Larrson. Está claro que el original sigue siendo el genuino.
- Repitiendo: Lagercrantz juega en El hombre que perseguía su sombra con elementos que ya resultan un poco manidos dentro de la serie Millennium. Incidir nuevamente en la infancia de Lisbeth o en su pasado no aporta nada nuevo y resulta hasta monótono.
- Final light: en cuanto a la conclusión de la novela solo podemos calificarla como descafeinada. Demasiado rápida e insulsa para convencernos.

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