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Reseña: La hija del curandero de Amy Tan

Con el fin de evitar que sus recuerdos se pierdan para siempre, la anciana LuLing, emigrada a Estados Unidos, escribe el relato de su pasado en China. Un día, su hija Ruth encuentra esos documentos en el apartamento y, a través de ellos, llega a conocer los primeros años de vida de su madre, y algunas revelaciones sobre el pasado familiar. Las dos generaciones de mujeres, con voces alternas, hallarán en este repaso a la memoria un punto de encuentro y reconciliación.

¿Qué nos ha gustado? 
- Madres e hijas: como ya ocurrió en El club de la buena estrella, La hija del curandero vuelve a explorar las complejas relaciones madre/hija en La hija del curandero. Sin embargo, en esta ocasión, la autora nos ofrece ambas perspectivas lo que enriquece mucho la historia y nos plantea cuestiones que no vimos en la novela anterior.
- Vivo: la capacidad descriptiva que tiene Amy Tan, tanto en los personajes como en los escenarios, hace que La hija del curandero supere el nivel de lo notable y alcance el sobresaliente. La forma que tiene la autora para trasladarnos a los espacios de la novela y para acercarnos a los protagonistas es, sin duda, uno de los grandes aciertos de esta obra.
- Has vuelto a hacerlo: con La hija del curandero Tan repite fórmula y resultado. Nos traslada una vez más al centro de la sociedad china, a los conflictos generacionales y a los cambios ideológicos pero lo hace sin atosigarnos, dejando que seamos nosotros mismos los que viajemos y disfrutemos del viaje. Esto hace que La hija del curandero sea una novela muy recomendable, tanto o más que El club de la buena estrella.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Sin sorpresas: en lo que no destaca La hija del curandero es en el elenco. Aunque es cierto que los protagonistas son excepcionales, los secundarios pecan en muchos casos de estereotipados y caen en comportamientos y figuras demasiado manidas ya.

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