jueves

Reseña: Dómina de L.S. Hilton

Judith Rashleigh nos ha demostrado cómo, gracias a su trayectoria sangrienta, ha podido pasar de ser una becaria explotada en una casa de subastas a convertirse en una marchante de arte internacional. Sí, Judith ha dejado una estela de sangre en su camino, pero su nueva vida como galerista en Venecia, rodeada de elegancia y codicia, representa todo lo que siempre ha querido ser. Y, además, a puerta cerrada, la alta sociedad ofrece un montón de lujuriosas actividades de las que Judith continúa disfrutando. Mientras ella maquina su futuro en medio de este sofisticado ambiente en Italia, su pasado reaparece de nuevo; Judith creía haber huido de París sin dejar rastro, pero cometió un pequeño error, un detalle que la puede señalar directamente como culpable.

¿Qué nos ha gustado? 
- Bien escrito: al igual que ya ocurrió en MaestraDómina nos ofrece una narrativa muy cuidada en Dómina, en la que los diálogos cargados de dinamismo, las descripciones precisas y la buena documentación juegan un papel muy destacado.
- Construcción impecable: Judith es una protagonista de extremos. Levanta pasiones u odios debido a su particular forma de ser. Pero independientemente de nuestros sentimientos hacia ella hay que reconocer que L.S. Hilton hace una labor excepcional en cuanto a construcción se refiere y nos ofrece una líder narrativa casi perfecta, muy carismática y ajustada a su rol.
- Escenarios de ensueño: en esta segunda novela, Judith recorre diversas ciudades, a cada cual mejor descrita por parte de Hilton. Mención especial merece Venecia, cuya belleza escenográfica está muy presente en el primer tercio del libro.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Adiós, sexo: uno de los principales fuertes de Maestra fue precisamente la vividez de los encuentros sexuales de Judith. Sin embargo, en Dómina esta riqueza descriptiva se pierde parcialmente y las escenas eróticas quedan más diluidas que en el primer libro.

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