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Reseña: Harry Potter y el legado maldito de J. K. Rowling

Ser Harry Potter nunca ha sido tarea fácil, menos aún desde que se ha convertido en un ocupadísimo empleado del Ministerio de Magia, un hombre casado y padre de tres hijos. Mientras Harry planta cara a un pasado que se resiste a quedar atrás, su hijo menor, Albus, ha de luchar contra el peso de una herencia familiar de la que él nunca ha querido saber nada. Cuando el destino conecte el pasado con el presente, padre e hijo deberán afrontar una verdad muy incómoda: a veces, la oscuridad surge de los lugares más insospechados.

¿Qué nos ha gustado? 
- Obligada: para todos los que crecimos con J. K. Rowling y sus novelas, Harry Potter y el legado maldito es una lectura obligada. Esta octava entrega cubre algunas (no todas) las lagunas que la autora dejó en el último libro de la saga y nos ofrece una visión distinta y complementaria del universo Potter.
- La magia sigue viva: algo que sigue intacto en Harry Potter y el legado maldito es la riqueza y el colorido del mundo mágico que Rowling creó hace ya diez años. Volveremos a Hogwarts y lo haremos a la grande, sumergidos en las clases de Pociones mientras tratamos de aprender Quidditch.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Decepción: a pesar de las muchísimas expectativas que este libro ha creado entre los fans de Harry Potter, hay que reconocer que la novela no está a la altura. Carece de la complejidad y la buena ejecución literaria a la que nos tenía acostumbrados Rowling y la trama no se acerca ni de lejos a los primeros libros de la saga.
- Cambiados: otro aspecto muy desconcertante en Harry Potter y el legado maldito es lo diferentes que están los personajes. Muchos de ellos (tal vez el caso más claro sea el de Ron) no conservan sus personalidades originales por lo que al final nos topamos con un elenco que no tiene nada que ver con el de antaño.

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