miércoles

Reseña: La mujer del cultivador de té de Dinah Jefferies

Ceilán, 1925. Gwendolyn Hooper, una joven inglesa de solo diecinueve años, llega en un barco de vapor, ilusionada por iniciar su nueva vida de casada junto a Laurence en su inmensa plantación de té. Pero el marido que la recibe es un hombre distante, reservado y taciturno. Laurence siempre está fuera trabajando, por lo que Gwen decide explorar ella sola la plantación, envuelta entre la neblina y los perfumados aromas a canela y jazmín de la tierra. Al vagar por la casa, Gwen se encuentra con puertas cerradas, baúles con vestidos polvorientos, una pequeña tumba en el jardín cubierta de maleza; indicios de un pasado oculto e inquietante, un misterio más profundo de lo que parece y que se remonta a tres generaciones antes.

¿Qué nos ha gustado?
- Bellos escenarios: uno de los aspectos más destacados de La mujer del cultivador de té son los escenarios. Dinah Jefferies hace unas descripciones magníficas de los entornos y los paisajes que nos permiten adentrarnos en los lugares que recorre Gwen de una forma única.
- A flor de piel: La mujer del cultivador de té es una novela de sentimientos y emociones. La trama indaga en las vivencias de Gwen y nos muestra el lado más íntimo de los personajes, sin perder de vista los choques entre ellos y sus altibajos. Disfrutaremos, lloraremos y viviremos la trama con mucha intensidad.
- Desde dentro: en cuanto a la reconstrucción histórica, pocas pegas podemos poner a La mujer del cultivador de té. Realmente, Jefferies hace una muy buena labor reconstruyendo la época en la que se desarrolla el libro. Los contrastes culturales, las tradiciones ancestrales y los prejuicios sociales se unen para conformar un tapiz histórico-novelado que aporta un brillo de realismo a la novela.

¿Qué no nos ha gustado? 
- De bajón: a pesar de que La mujer del cultivador de té es una lectura muy recomendable, hacia la mitad sufre un ligero ralentizamiento en el ritmo. Los acontecimientos se vuelven más repetitivos y la trama pierde intensidad. Por suerte, Jefferies solventa este bache y retoma el buen hacer hacia el final.

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