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Reseña: El arte de caminar sobre trampolines de Frances Whiting

Desde el día en que, con doce años, Annabelle Andrews entra pavoneándose en su clase, Tallulah, conocida como Lulu, queda hechizada: por Annabelle, por su familia y por su casa medio en ruinas con gárgolas en la fachada. Su insólita amistad crece gracias a un lenguaje secreto con el que comparten confidencias sobre sus madres, sus primeros amores y sobre cómo es la vida en una pequeña ciudad costera. Pero la euforia juvenil dura poco, y una tarde junto al río, el día de la graduación del instituto, su amistad explota, dejando heridas profundas y un legado de inseguridades que persigue a Lulu hasta la madurez.

¿Qué nos ha gustado?
- Creciendo juntos: El arte de caminar sobre trampolines es una novela de maduración. A través de los ojos de las dos protagonistas conocemos la importancia de la amistad durante la adolescencia, el primer amor y el peso de la familia. Un recorrido vital que Frances Whiting plasma muy bien y que nos hará revivir el paso de la infancia a la madurez.
- Combinación: algo que Whiting consigue en El arte de caminar sobre trampolines es mezclar sentimientos. Reiremos con Annabelle y Lulu pero también lloraremos y sufriremos ante sus errores. Y es precisamente esta mezcla la que aporta viveza y colorido a la novela y la hace más atractiva si cabe.
- Nada de clichés: tal vez lo más destacable de El arte de caminar sobre trampolines son los personajes. La fuerza que demuestran todos ellos unida al realismo que destilan hacen que el elenco sea creíble y atractivo para el lector.

¿Qué no nos ha gustado?
- Decepción: es en la tercera parte del libro donde Whiting comete algunos errores. El ritmo se estanca, la trama baja de intensidad y los personajes caen en comportamientos esperados.

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