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Reseña: La casa que amé de Tatiana de Rosnay

Un libro inestimable que hace reflexionar sobre lo que la modernidad, en su necesario avance de progreso y mejoras, arrolla y relega al olvido. París, década de 1860. La ciudad está en pleno proceso de cambio, abandonando el París medieval para dar paso al París moderno y urbano. El barón Haussmann, prefecto de la ciudad, por encargo del emperador Napoleón III llevará a cabo las grandes ideas y estrategias de esta radical reforma. Cuando Rose se casó con Armand Bazelet sabía que se unía al hombre de su vida. Su larga unión fue algo hermoso e inquebrantable.

¿Qué nos ha gustado? 
- Adiós al viejo París: uno de los aspectos que mejor está trabajado en La casa que amé es la transformación que sufre París durante el gobierno de Napoleón III y las consecuencias que se derivan de ello. Tatiana de Rosnay plasma de forma muy correcta la evolución de la ciudad, el desengaño de aquellos que ven cómo el lugar donde nacieron va desapareciendo y el nacimiento de una urbe modernista pensada para convertirse en el centro de Europa.
- Respirando una época: el contexto y los escenarios en los que se desenvuelve la trama están bien definidos en La casa que amé. Sobre todo, Rosnay consigue captar el colorido del siglo XIX hasta hacer que resulte cautivador y preciosista.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Una protagonista poco atractiva: tal vez por la insolencia y la vanidad que Rose demuestra a lo largo del libro, el personaje no termina de convencer. Nunca llega a generar empatía con el lector y sus problemas no consiguen sintonizar con quien los está leyendo.
- Nada de sorpresas: aunque Rosnay juega durante todo el libro con un “gran secreto” que Rose esconde, la previsibilidad rompe cualquier intento de sorpresa. Desde las primeras páginas ya podremos intuir por dónde va el misterio que guarda la protagonista.

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