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Reseña: Millennium 4. Lo que no te mata te hace más fuerte de David Lagercrantz

Lisbeth Salander está inquieta. Ha participado en un ataque hacker sin razón aparente y está asumiendo riesgos que normalmente evitaría. Mientras, la revista Millennium ha cambiado de propietarios. Quienes le critican, insisten en que Mikael Blomkvist ya es historia. Una noche, Blomkvist recibe la llamada del profesor Frans Balder, un eminente investigador especializado en Inteligencia Artificial quien afirma tener en su poder información vital para el servicio de inteligencia norteamericano. Su as en la manga es una joven rebelde, un bicho raro que se parece mucho a alguien a quien Blomkvist conoce demasiado bien. Mikael siente que esa puede ser la exclusiva que él y Millennium tanto necesitan, pero Lisbeth Salander, como siempre, tiene sus propios planes.

¿Qué nos ha gustado? 
- Ahondando: en Lo que no te mata te hace más fuerte, David Lagercrantz profundiza muchísimo en el personaje de Lisbeth Salander, mostrando al lector una versión más madura de la protagonista estrella de Larsson. El autor consigue además lo mas difícil: dar mayor tridimensionalidad al personaje, sin perder a cambio el misterio que siempre ha tenido.
- Venida del norte: para todos aquellos que aman las novelas negras escandinavas, Lo que no te mata te hace más fuerte no decepcionará. Lagercrantz no solo nos brinda una trama al más puro estilo thriller sino que inserta también temas de calado social y político, muy en la línea de la saga Millenium original.
- Aprobado: escribir la continuación de una saga súper ventas como Millenium no era una empresa fácil. A pesar de ello, Lagercrantz ha superado la prueba con bastante acierto. Lo que no te mata te hace más fuerte es una digna continuación de la obra de Larsson pues mantiene en gran parte el espíritu original pero con un toque renovado que casa a la perfección con el resto de la saga.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Falta garra: lo que no ha conseguido igualar Lagercrantz es la visceralidad de las obras anteriores. Se echa en falta la intensidad de ciertas escenas y tal vez la crudeza que venía impresa en la prosa única de Larsson.


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