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Reseña: La estación de las flores en llamas de Sarah Lark

Mecklemburgo, 1837: el sueño de una vida mejor convence a los familiares de Ida de emigrar a Nueva Zelanda. Pero cuando el barco Sankt Pauli llega por fin a la Isla Sur, a todo su pasaje le espera una sorpresa desagradable. ¿Así es realmente la tierra prometida? Pronto el destino de Ida toma un giro tan inesperado como el de su amor secreto hacia Karl. Y por algún motivo, en esa tierra Ida solo encuentra amistad y protección en la exótica y singular Cat, una chica criada entre maoríes… Hasta que llega la noche de la gran inundación.

¿Qué nos ha gustado? 
- Luchas culturales: La estación de las flores en llamas es muy posiblemente el libro de Sarah Lark en el que más se ven los choques culturales que se vivieron en el en Nueva Zelanda durante la colonización, no solo entre los nativos y los ingleses sino también entre los nuevos pobladores que llegaban del viejo continente. La autora hace un análisis muy profundo en este sentido y nos acerca detalles socioculturales que hasta ahora había dejado de lado.
- Los escenarios en primera línea: como viene siendo habitual en las novelas de Lark, los escenarios son el protagonista número en La estación de las flores en llamas. Ninguno de los paisajes nos dejarán indiferentes y disfrutaremos al máximo de la belleza neozelandesa gracias al talento de Lark para las descripciones.
- Motivación: aunque La estación de las flores en llamas no es una novela adictiva sí logra su propósito de no aburrir al lector a pesar de su considerable grosor. Desearemos conocer mejor al numeroso elenco que integra el libro y el choque de motivaciones de cada personaje mantendrá viva la trama hasta el final.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Un desembarco esperado: la llegada de Ida y su familia a Nueva Zelanda se hace un poco larga. Tal vez una versión mas comprimida de este viaje habría dinamizado más un principio que peca de lentitud.

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