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Reseña: La bestia de Alex Flinn

Una bestia. No soy exactamente un lobo, ni un oso, ni un gorila, ni un perro, sino una criatura nueva y horrible que camina erguida. Una criatura con colmillos y garras y con pelo en todos los poros de mi cuerpo. Soy un monstruo. ¿Crees que esto es un cuento de hadas? Para nada. Sucede en Nueva York y sucede ahora. No es una deformidad, ni tampoco una enfermedad. Y me quedaré así -condenado- a menos que pueda deshacer el hechizo. Sí, el hechizo que me lanzó la bruja con la que iba a clase de inglés. ¿Por qué me convirtió en una bestia que se oculta durante el día y sale a merodear por las noches? Te lo contaré.

¿Qué nos ha gustado? 
- La perfecta metamorfosis: la parte más interesante de La bestia es la transformación de Kyle. Las connotaciones metafóricas y los simbolismos que la autora inserta están muy bien trabajados y el proceso lento pero convenciete por el que atraviesa el protagonista fluye con muchísima naturalidad dentro de la historia.
- Una modernización asumible: en algunas ocasiones, la adaptación de los cuentos infantiles deriva en pastiches difíciles de leer. Este no es el caso, sin embargo, de La bestia. Alex Flinn hace una magnífica labor reconstruyendo el cuento clásico y amoldándolo a la realidad, sin perder la magia tradicional ni la novedad del presente.
- En el centro: al principio, Kyle es un personaje detestable con el que es imposible sintonizar. Pero conforme cambia, el lector se siente atraído irremediablemente por él. Se convierte en la figura estrella de la novela y también en el núcleo principal de la misma. Lindy tampoco decepciona aunque acaba demasiado eclipsada por su contrapartida masculina.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Nada que ver: la inclusión de las conversaciones de chat a lo largo del libro es una idea que, aunque original, no funciona del todo. Lo único que consigue es romper el ritmo de la trama y generar confusión en el lector.

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