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Reseña: Justicia ciega de Anne Perry

Hester Monk, la esposa de William Monk, inspector de la Policía Fluvial del Támesis, cuestiona las finanzas de una iglesia de Londres en la que, al parecer, los donativos de los feligreses han terminado en los bolsillos del carismático predicador Abel Taft, para pagar su magnífica casa y los elegantes vestidos de su esposa y sus hijas. Como fruto de ello, Taft resulta acusado, y el brillante abogado Oliver Rathbone, recientemente nombrado juez, es el elegido para presidir el juicio contra él. La culpabilidad de Taft parece clara; sin embargo, en el último instante la defensa llama a un testigo que socava por completo los cargos.

¿Qué nos ha gustado? 
- Adentrándonos en el pasado: una de las razones del éxito de esta serie de novelas es la maravillosa recreación que nos ofrece Anne Perry sobre la cultura, las condiciones sociales y, en definitiva, sobre la época victoriana y sus particularidades. En Justicia ciega volvemos a encontrarnos esta ambientación sobresaliente con el foco puesto en las diferencias sociales y la corrupción del momento.
- En una línea diferente: Justicia ciega se acerca más al thriller legal estilo John Grisham que a las novelas primigenias de Perry. Aún así, la autora sabe gestionar muy bien la temática y sale airosa de un género en el que no todos los autores aciertan.
- Para que te preguntes: aunque es cierto que en muchas de las obras de Perry encontramos un importante trasfondo moralista, Justicia ciega está sin duda entre las más destacadas. La autora aprovecha la trama para explorar las diferencias entre la ley y la moralidad, planteando al lector importes cuestiones.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Girando sobre ti mismo: en Justicia ciega Perry invierte demasiado tiempo compartiendo con el lector las reflexiones de Oliver. Y no solo eso. La mayor parte del tiempo estas digresiones internas versan sobre el mismo tema lo que genera una sensación de repetición en el lector.

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