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Reseña: Antojo de violetas de Martine Bailey

Así pasa con nosotros, los criados. Nadie te presta mucha atención: eres casi invisible, como el mobiliario; sin embargo tú oyes una conversación por aquí y añades un poco de chismorreo por allá. Un escritorio se ha quedado abierto y encuentras algo, algo que no debías haber encontrado. Biddy Leigh, impulsiva ayudante de cocinera en la imponente mansión de Mawton Hall, desea fundar una familia con Jem Burdett y abrir su propia taberna. Pero cuando Sir Geoffrey, su anciano señor, se casa con la joven y enigmática Lady Carinna, Biddy se dejará arrastrar, sin darse cuenta, por un mundo de maquinaciones, secretos y mentiras.

¿Qué nos ha gustado? 
- Sin comparaciones: la premisa de la que parte el último trabajo de Martine Bailey recuerda bastante a la de Longbourn de Jo Baker pues juega de igual forma con los choques sociales entre ricos y pobres, criados y señores. Pero a diferencia del libro de Baker, Antojo de violetas es más una novela de aventuras y romance al estilo clásico que un retrato socio histórico de la época. Se juega de una forma más eficiente con los enredos, el melodrama y la ambientación gótica por lo que resultará más entretenida a los lectores que se vieron superados por Longbourn.
- Viviendo el momento: la contextualización histórica que Bailey hace en Antojo de violetas no tiene errores. La autora reconstruye la viveza y las contradicciones del siglo XVIII con firmeza y aporta los detalles necesarios para que el lector se sienta sumergido en el contexto sin grandes esfuerzos.
- Una protagonista que permanece con nosotros: Biddy, la figura central de Antojo de violetas, es un personaje rico en matices, carismático y cercano que consigue atrapar pronto al lector. Su curiosidad innata y la habilidad que demuestra en la cocina culminan el atractivo de esta protagonista inmejorable.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Lastrado: aunque Antojo de violetas arranca con unos primeros capítulos espectaculares, pierde parte de su empuje inicial hacia la mitad. Un pequeño bache que peca de lentitud y de monotonía pero que Bailey compensa con un final a lo grande.

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