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Reseña: La batalla del laberinto de Rick Riordan

A punto de comenzar primero de secundaria, Percy Jackson no espera emociones fuertes, sino más bien un aburrimiento soporífero. Pero cuando en la nueva escuela se presenta una vieja amiga, seguida de un par de animadoras diabólicas, los acontecimientos se precipitan y todo empieza a ir de mal en peor. Cronos, el malvado señor de los titanes, amenaza con destruir el Campamento Mestizo, donde se refugian los jóvenes semidioses.Para evistarlo, Percy y sus amigos deben emprender una arriesgada búsqueda a través del laberinto, un mundo subterráneo plagado de trampas peligrosas, monstruos furiosos y criaturas perversas, concebido para acabar con quienes se atrevan a profanarlo.

¿Qué nos ha gustado? 
- Sigue sorprendiendo: aunque La maldición del titán fue una novela increíble que nos dejo un magnifico sabor de boca, Rick Riordan parece dispuesto a sorprendernos con cada libro de la serie Percy Jackson. La batalla del laberinto podría haber sucumbido al síndrome de la novela intermedia pero no lo hace. Nuevas líneas argumentales se introducen, otras anteriores se resuelven y el lector acaba inmerso en una batalla entre el bien y el mal en la que no falta amor, dolor y maduración de los personajes. Una combinación con la que Riordan acierta una vez más.
- Dratismo convincente: La batalla del laberinto es la primera novela de la serie en la que se aprecia realmente el drama. Aunque se sigue manteniendo el humor, la trama es menos infantil que El ladrón del rayo y los personajes se ven sometidos a situaciones más drásticas que pondrán a prueba sus principios de una forma clara.
- El punto de inflexión: La batalla del laberinto mantiene todo lo bueno de las novelas anteriores, incluido el ritmo rápido y el imaginativo mundo de dioses y monstruos, e incorpora además una dosis extra de tensión, amor, suspense y momentos memorables que eclipsan todo lo que hemos leído hasta la fecha de Percy Jackson.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Cayendo en lo típico: algunos acontecimientos tienen una resolución un tanto predecible. Riordan se pierde en soluciones rápidas que muchas veces no consiguen sorprender lo suficiente al lector.

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