miércoles

Reseña: El ojo fragmentado de Brent Weeks

Tras cautivar a legiones de lectores de todo el mundo con la trilogía «El Ángel de la Noche», Brent Weeks «cimentó su puesto entre los grandes escritores de fantasía épica de nuestro tiempo» (British Fantasy Society) con la publicación de El Prisma negro y La Daga de la Ceguera, los dos primeros tomos de «El Portador de Luz». Ahora, por fin, llega el esperadísimo tercer volumen de esta saga espectacular, en el que se dan cita aventuras, magia, intriga, complots, traiciones, amores contrariados, un villano formidable y acción a raudales. Mientras los viejos dioses empiezan a desperezarse y las satrapías se fracturan, la Cromería lucha a contrarreloj por encontrar al Prisma perdido, el único hombre capaz de detener la catástrofe.

¿Qué nos ha gustado? 
- Weeks brilla: en el apartado prosístico, Brent Weeks vuelve a conseguirlo. Los diálogos son de lo mejor y el toque de humor que el autor incorpora en esta tercera novela es de agradecer pues hace que la lectura sea muy divertida.
- Un mundo perfeccionado: otro de los aspectos en los que El ojo fragmentado nos sorprende una vez más es en la contextualización, que gana en detallismo en este tercer libro. El entorno político, por ejemplo, es fascinante y el autor incide más en aspectos sociales y culturales que pasaron desapercibidos en los anteriores libros.

¿Qué no nos ha gustado? 
- De relleno: da la impresión de que El ojo fragmentado es más una larga introducción al cuarto y último libro que una novela en sí misma. Termina justo donde tendría que empezar pues la mayor parte de la historia es repetitiva y no aporta nada imprescindible en el devenir principal de los acontecimientos.
- Perdiendo intensidadEl ojo fragmentado no resulta tan brillante como sus predecesores. En parte porque es una novela más expositiva, con menos acción que los anteriores y más descripciones. Además, no todas las preguntas que quedaron sin resolver en La daga de la ceguera encuentran respuesta por lo que da la sensación de que la trama pierde coherencia.

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