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Reseña: La cura mortal de James Dashner

Desde hace tres semanas, Thomas vive en una habitación sin ventanas, de un blanco resplandeciente y siempre iluminada. Sin reloj y sin contacto con nadie, más allá de las tres bandejas de comida que alguien le lleva a diario (aunque a horas distintas, como para desorientarle). Al vigésimo sexto día, la puerta se abre y un hombre le conduce a una sala llena de viejos amigos. —Muy bien, damas y caballeros. Estáis a punto de recuperar todos vuestros recuerdos. Hasta el último de ellos.

¿Qué nos ha gustado? 
- Mantenemos el dinamismo: el ritmo de La cura mortal es tan ágil como el de sus predecesoras. Los acontecimientos se desenvuelven con suficiente rapidez como para que nunca lleguemos a aburrirnos y los giros que de vez en cuando Dashner introduce en la trama contribuyen a que nuestro interés nunca decaiga.
- Misma combinación: la acción sigue siendo el ingrediente estrella de La cura mortal. Contaremos con menos suspense pero, por el contrario, las peleas y persecuciones no nos faltarán. Eso sí. La violencia será más explícita en esta novela que en las anteriores.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Soluciones improvisadas: en algunos capítulos, las soluciones que idea James Dashner para ciertas situaciones tienden a ser demasiado increíbles y predecibles. Más cercanas al deus ex machina que a la lógica imperante en el resto de la saga.
- Sin final: Dashner deja en el aire muchísimos interrogantes pues, a pesar de las expectativas generadadas en los dos libros anteriores, La cura mortal no revela casi nada. La conclusión deja al lector sin respuestas y con la sensación de que falta un final más apoteósico para la saga.

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