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Reseña: Imperio de Steven Saylor

Las sucesivas generaciones de la familia Pinario vuelven a ser testigos y protagonistas de uno de los momentos más brillantes de la Antigüedad: el esplendor del mundo romano, desde el reinado de Augusto hasta la caída del Imperio. De esta manera, sufren en sus propias carnes las maquinaciones de Tiberio, la locura de Calígula y la decadencia de Nerón, y disfrutan de la era dorada de Trajano y Adriano. Sin ser ajenos a los momentos más dramáticos de la ciudad: el terrible incendio que la destruyó en el año 64, la persecución contra los cristianos llevada a cabo por Nerón o los sangrientos juegos de gladiadores en el Coliseo…

¿Qué nos ha gustado? 
- Real y ficticio: en Imperio, Steven Saylor aprovecha la mezcla de hechos, rumores y mitos que conforman la historia de Roma de una forma más clara que en su novela anterior. Los une en una argamasa literaria tan firme que el lector no llega a percibir dónde está el límite de lo real y lo ficticio, algo que se agradece y hace la lectura más animada.
- En la mente de todos: Saylor nos introduce a través de Imperio en los gobiernos de los emperadores más célebres de Roma. Desde Calígula y Claudio hasta Trajano y Adriano. Lo que más destaca en este sentido es la profundidad psicológica con la que el autor dota a cada uno de ellos pues presentan una personalidad y una caracterización tan definida que nos hace verlos como figuras de carne y hueso que vuelven a la vida en las páginas de la novela. Mención especial merece el personaje de Nerón, el mejor sin lugar a dudas del libro.
- Misión difícil: unir en un mismo libro los eventos y gobiernos más destacados del imperio romano es una labor muy complicada que, sin embargo, Saylor ha conseguido superar con buena nota. Aunque es cierto que quedan en el aire algunos aspectos históricos, el autor ha sabido fusionar y conducir con bastante acierto la mayoría de ellos y eso bien merece nuestra más sincera admiración.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Perdiendo consistencia: aunque, como hemos dicho, los personajes históricos están magníficamente dibujados en el libro no podemos decir lo mismo de los ficticios. La familia Pinarii, por ejemplo, pierde consistencia en Imperio y los rápidos cambios de época hacen que el lector no tenga tiempo de sintonizar con ellos con la misma efectividad que en Roma.

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