miércoles

Reseña: Órdenes sagradas de Benjamin Black

Tras el éxito de La rubia de ojos negros llega la más poderosa de las entregas de Quirke hasta la fechaLa madrugada en que el cue rpo de Jimmy Minor aparece flotando en las oscuras aguas del canal, ni Quirke ni su hija Phoebe pueden intuir hasta qué punto esa muerte va a remover sus propias vidas. Mientras Phoebe abre los ojos a una sensualidad desconocida, la investigaciónarrastra a Quirke de regreso al infierno de su infancia en el orfanato católico de Carricklea. ¿Podrá descubrir qué callan los muros de Trinity Manor? Y si lo consigue, ¿será capaz de sobrevivir a la herida de los propios recuerdos y regresar a la superficie?

¿Qué nos ha gustado? 
- Un protagonista que no deja de crecer: Quirke es la figura más conocida de Benjamin Black y el personaje estrella de Órdenes sagradas. Sin embargo, en este última novela el autor se supera a sí mismo en cuanto a caracterización se refiere pues proporciona a su protagonista una profundidad emocional y psicológica que no habíamos visto hasta ahora.
- Ahondando: a diferencia de las novelas precedentes de Black, Órdenes sagradas es un libro más psicológico que de suspense. Los acontecimientos no giran tanto alrededor de la resolución de un crimen sino más bien sobre el interior de los personajes, los traumas del pasado y las heridas sin cerrar. Aún así, Black hace un trabajo muy bueno pues la recreación sentimental es, casi con toda seguridad, lo mejor de la novela.
- Sigue sorprendiéndonos: en lo que no hemos vuelto a encontrar fallo alguno es en la prosa. Una vez más, Black nos ofrece una novela magníficamente escrita, sin errores de estilo, que sirve más para deleite del lector que como entretenimiento puro y simple.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Estilo a lo Banville: en un principio, las novelas de Black se erigieron como una alternativa a las que el autor firmaba bajo el nombre de John Banville. Sin embargo, en Órdenes sagradas las diferencias son mínimas. La frontera entre Banville y Black se está desdibujando y los estilos que el escritor ha defendido por separado empiezan a solaparse de forma cada vez más clara.

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