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Entrevista: Marta Sarramián (Tierra)

Nací en Logroño en 1974, pasé parte de mi infancia y adolescencia en Los Villares, un pequeño pueblo de la provincia de Soria, donde aprendí a crecer en libertad. Soy Licenciada en Marketing y Relaciones Públicas y en Traducción e Interpretación de idiomas. He desarrollado mi carrera profesional en los campos de Relaciones Públicas, organización de eventos, gestión cultural y cooperación, compaginando siempre mi vocación solidaria con mi formación, lo que me llevó a desarrollar mi carrera profesional en el ámbito de la cooperación internacional cultural, y colaborar en organizaciones como Fundación Vicente Ferrer (2008-10) o UNESCO (2010-11), entre otras. De los muchos países en los que he trabajado, destacan India, República Dominicana, Croacia, Italia, Panamá y Angola.

Has viajado por muchos países a lo largo de tu vida. ¿Qué destacarías de cada uno de los continentes en los que has estado? 
Cada uno tiene una esencia y autenticidad distinta, es difícil englobar todo en pocas palabras. Me gusta compararlo con las danzas de cada lugar, en Asia destacaría su espiritualidad, Asia es aire y ligereza, de ahí esos bailes tan sutiles que parecen etéreos, de África el fuego, la conexión con los instintos más salvajes, con la naturaleza y la tierra, de ahí esos bailes que nace de abajo a arriba, de Europa, el poso histórico, su cultura, lo viejo y de ahí los bailes y sus atuendos y de América, sobre todo de América Latina que es la que más conozco, la sabiduría y su entendimiento de la Madre Tierra, me vienen a la cabeza los bailes tribales de los indígenas.

Tu labor como cooperante internacional ha sido muy importante, ¿cuál ha sido la enseñanza más valiosa que has aprendido? 
Como decía Vicente Ferrer, de palabra podemos llegar a cualquier lugar, pero es la acción la que nos pone en marcha. Sin acción no hay obra. ¿Cuál ha sido la vivencia que más te ha marcado? Muchas, no sabría decirte una. A nivel de impacto emocional e inmediato, la huella de la guerra en Angola, no sólo física sino una más profunda y más difícil de curar, la que se queda arraigada en el corazón y la memoria. Sin embargo, la experiencia que produjo sin duda un cambio en mi vida, fue poder llegar a conocer a Vicente Ferrer y trabajar de su mano en la Fundación Vicente Ferrer. A través de su sabiduría, Vicente me enseñó a desprogramarme, a dar y amar de otra manera y, como consecuencia, a sentir y vivir diferente después de aquel tiempo en Anantapur (India). Si hay un cambio en ti, también lo habrá en todo lo que te rodea.

¿Qué crees que falta a nivel de cooperación en la actualidad? 
Sobra paternalismo, romanticismo y palabrería. Falta un acercamiento a la contraparte, que sean ellos quienes decidan qué necesitan y cómo, Nosotros sólo deberíamos formarles o asesorarles en lo que podemos para generar una cadena productiva y autosuficiente con la que ellos puedan vivir. Falta un intercambio de ideas y conocimientos, más escucha y menos imposición. Olvidamos que ellos también tienen mucho que enseñar y que son ellos los que saben qué se necesita y qué no. La cooperación no es una cuestión monetaria, si así fuese, la pobreza ya se hubiese erradicado hace mucho tiempo. Va mucho más allá y esto es algo que se nos tiene que meter a todos en la cabeza. 

¿Cómo describirías tus obras? 
Mis obras son la vía que tengo para comunicar lo vivido, para gritar, en muchos casos, las injusticias. Representa un cúmulo de experiencias vividas en mis propias carnes o escuchadas de algunos labios anónimos que merecen ser contadas para abrir los ojos al mundo y a la realidad. Son, también, una invitación al autoconocimiento, la autocritica constructiva y la reflexión. Hay una frase que me dijo una amiga hace un tiempo que hoy me tomo la licencia de parafrasear, “tus obras son un bálsamo para el alma”. Eso es lo que yo busco, que quienes la lean se sientan bien y disfruten con ellas a la vez que aprendan.

Tierra es tu nuevo trabajo, ¿qué has querido trasmitir o enseñar al lector? 
Como las buenas intenciones pueden verse trastocadas cuando el dinero entra en juego. La vulnerabilidad de algunas personas ante la avaricia y la ambición, y la decepción de lo que sucede cuando intentas ayudar a alguien y no estás a la altura de ofrecer esa ayuda. El cambio de perspectiva al que se llega cuando estás lejos de Tierra, aislado en tu propia isla. En Tierra se refleja lo que somos cuando estamos dentro o fuera del mundo que nos hemos creado. Los beneficios que nos aporta alejarnos a veces de nuestras circunstancias y cómo esta distancia nos ayuda a salir de nuestro bucle y volver a nuestro centro. También es un llamamiento para volver a nuestras raíces y reconectar con la Madre Naturaleza. Pisamos demasiado asfalto, vemos poco verde y pasamos demasiado tiempo encerrados entre nuestras paredes. Tierra es oxígeno.

La mayoría de tus obras están basadas en experiencias vividas por ti misma o que han llegado a tu conocimiento de alguna forma. ¿Qué hay de real en Tierra
Prácticamente todo. Tierra es una mezcla de historias reales. Con esta novela quise hacer un homenaje a todas aquellas personas anónimas que con sus vidas, su tesón y coraje van avanzado y luchando en silencio para conseguir un mundo más justo. Busqué también plasmar las miles de maneras de vivir, pensar y como consecuencia, actuar que existen en la tierra. La realidad es tan sorprendente que en mi caso no necesité inventar nada para contar esta historia. Los ingredientes ya estaban, lo único que hice fue mezclarlos.

Tierra habla de corrupción, dinero y ambición. ¿Qué tiene de diferente y de parecido con tus anteriores trabajos? 
De diferente que Tierra, como su propia palabra indica, es naturaleza, conexión salvaje, instinto. Cuenta una historia dura en su contenido pero muy amena en la forma. El lugar donde transcurre esta novela es en Panamá, las antípodas de India donde nació Lo que aprendí de un vagabundo, mi primera novela, por lo que el contexto es completamente distinto. Para mí, Panamá es tierra e India es aire. De parecido es que todas ellas invitan a reflexionar, hacen alusión a los valores humanos y cuentan la historia desde el corazón. Se centran más en lo que pasa dentro de los personajes que fuera. La acción es más interior que exterior.

Además de escritora, impartes cursos y talleres vinculados a la estimulación de la creatividad y la autoestima. ¿Cómo compaginas esta faceta profesional con tu labor de escritora? 
Son dos facetas que tienen mucho que ver entre sí, es fácil compaginarlas puesto que una me ayuda y da ideas para la otra y viceversa. Es la gestión del tiempo la que llevo peor.

¿Qué podemos esperar de Marta Sarramián en el futuro? 
Ni siquiera yo lo sé. Siempre le pido a la vida que me sorprenda. Sólo sé que quiero seguir escribiendo y transmitiendo como lo he hecho hasta ahora. Por el momento hay un nuevo libro empezado. Esta vez nos vamos a México. ¿Os venís?

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