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Reseña: Donde crecen flores silvestres de Aminatta Forna

Uno de los mejores libros del año según The Boston Globe y The Independent Gost se encuentra rodeado de montañas y campos de flores silvestres que nadie pisa. Es el hogar de Duro, un pueblo croata de veranos abrasadores e inviernos gélidos que sobrevive aletargado hasta que un día la ventana de la vieja casa azul que lleva más de una década vacía aparece de nuevo abierta. Y la animada charla de unas voces en inglés echa a rodar la rueda de la memoria.

¿Qué nos ha gustado? 
- En el apogeo descriptivo: Aminatta Forna ha demostrado con Donde crecen flores silvestres que su gran fuerte son las descripciones. Tanto los personajes como los escenarios y ambientes están construidos a la perfección, sin pecar de reiteraciones pero sin quedarse tampoco cortos en detalles. Un equilibrio descriptivo perfecto que bien merece un aplauso.
- Todo entretejido: la trama de Donde crecen flores silvestres no es precisamente sencilla. Forna mezcla pasado y presente, los horrores del ayer con el drama del hoy, conformando una historia que va y viene sin descanso. Aún así, la autora consigue lo más difícil. Mantener la coherencia y hacer que los saltos temporales no se vean como un escollo para el lector sino como un fluir natural que aporta intriga e interés a la historia.
- El núcleo central: Duro, el personaje principal de Donde crecen flores silvestres, es una figura excepcional. Es cierto que el resto del elenco no deslumbra con la misma efectividad pero el carisma y la fuerza del protagonista hacen que el lector acabe olvidando este detalle.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Hilos sin coser: a lo largo de la novela Donde crecen flores silvestres va tejiendo marañas que luego, llegado el final del libro, no termina de atar. Quedan en el aire muchas preguntas sin responder y cabos sin unir que minan de alguna forma la solidez de la trama.

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