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Reseña: Los crímenes del monograma de Sophie Hannah

Londres, 1929. Hércules Poirot está cenando en el café Pleasant cuando una mujer irrumpe en el local y le confía que alguien está a punto de matarla. Le ruega que no investigue, pues con su muerte, dice, se habrá hecho justicia. Unas horas más tarde, tres personas son asesinadas en un elegante hotel londinense. Poirot no puede evitar involucrarse en el caso, pero, mientras él se esfuerza en ordenar todas las piezas, el asesino se prepara para volver a matar.

¿Qué nos ha gustado? 
- Bien armado: el misterio que rodea la trama de Los crímenes del monograma está muy bien construido. Las pistas encajan entre sí sin provocar incoherencias y en general la historia no llega a ninguna solución improvisada del tipo deus ex maquina algo que se agradece pues el final ofrecerá todas las respuestas que el lector espera.
- Perfecto para los amantes de los “clásico”Los crímenes del monograma es una novela detectivesca de las más tradicionales. No tiene la profundidad psicológica ni los personajes tridimensionales del suspense nórdico pero sí nos ofrece un puzzle con forma de asesinato que nos mantendrá en vilo hasta que descubramos al asesino.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Originalidad limitada: la premisa de la que parte Los crímenes del monograma no es el culmen en cuanto a originalidad se refiere pues la idea central recuerda a otras novelas detectivescas precedentes que utilizaron en su día una fórmula muy similar.
- Siguiendo los pasos pero de lejos: aunque Sophie Hannah utiliza al famoso Poirot como personaje principal, la novela no sigue la línea ni el patrón de las obras clásicas de Agatha Christie. Más bien es un libro que recupera a este detective pero dotándole de un ambiente, historia y personalidad ligeramente diferentes.

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