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Reseña: Los caminos del mar de Magdalena Albero

En el año 285 a.C Irene tiene quince años y vive con su padre en Atenas. Su educación, que Kleón ha cuidado con un esmero nada habitual para una mujer, la ha convertido en una joven curiosa y culta. Sin embargo, todo su mundo se derrumba cuando él es encarcelado. Irene queda bajo la tutela de Herófilo, un familiar médico con el que huirá de Atenas. Durante una larga estancia en Creta, donde se ven obligados a recalar, Irene acabará por adquirir conocimientos básicos de medicina, suficientes para despertar su interés por continuar aprendiendo y practicando. Así empieza su periplo por el Mediterráneo, que es a la vez un viaje hacia el descubrimiento de sí misma.

¿Qué nos ha gustado? 
- Retrato femenino: el personaje de Irene es uno de los grandes fuertes de la novela. Sensible pero decidida, lidera el elenco de figuras con firmeza y llega a eclipsar a los coprotagonistas masculinos que, por otro lado, no pueden rivalizar con la fuerza que desprende la heroína.
- Medicina para principiantes: la trama de Los caminos del mar está muy ligada a la medicina. Por suerte, Magdalena Albero da las explicaciones justas sin una excesiva retahíla de detalles para que ningún lector pueda perderse en el laberinto de fármacos y hierbas que maneja Irene mientras aprende el arte médico.
- La Grecia clásica: la ambientación de Los caminos del mar es tal vez lo mejor que tiene la novela. Albero reconstruye el mundo clásico con un especial detalle en las costumbres, la mentalidad y el día a día de la sociedad y conforme leamos nos sentiremos como parte de este mundo de filósofos y artistas.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Secundarios al fondo: los personajes secundarios no están tan bien trabajados como los principales. La mayoría de ellos pecan de superficialidad y no todos se escapan de las imágenes de estereotipos y arquetipos.

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