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Reseña: El último Tuareg de Alberto Vázquez-Figueroa

Más de treinta años después de la publicación de su mítica novela Tuareg, Alberto Vázquez Figueroa vuelve sobre el tema que mejor conoce: la vida de los «señores de las arenas» y la eterna lucha que mantienen por intentar conservar las antiquísimas costumbres que han hecho de ellos un pueblo admirado y respetado. En esta ocasión la trama se desarrolla en la inmensa soledad del desierto del norte de Mali, donde la barbarie de los extremistas que intentan crear un Estado islamista radical está salpicando de sangre el buen nombre de los tuaregs.

¿Qué nos ha gustado? 
- Final mejorado: después de la decepción que supuso para muchos Los ojos del Tuareg, Alberto Vázquez-Figueroa ha procurado en este último libro mejorar los defectos de su antecesor. Y, aunque no tiene la misma altura que Tuareg, sí ha conseguido suplir la mayoría de las deficiencias previas, ofreciéndonos una novela bastante más trabajada que la precedente.
- La esencia de los nómadas: en El último Tuareg el lector regresa a la vida de los Tuareg como ya ocurrió en las anteriores dos obras. Vázquez-Figueroa nos sumerge casi sin darnos cuenta en las tradiciones, costumbres y creencias de este pueblo, sin echar mano para ello de interminables descripciones.
- Recuperando el pasado: en esta última novela, Vázquez-Figueroa plantea una caracterización más trabajada del elenco y todos los personajes se sienten más reales de lo que resultaron sus antecesores.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Nada nuevo: después de dos libros basados en esta misma temática, Vázquez-Figueroa no nos ofrece nada nuevo en El último Tuareg  Más de lo mismo, con algún toque mínimo diferencial, que no supone el culmen de la originalidad.

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