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Reseña: Los últimos días del imperio celeste de David Yagüe

China, 1900. Un calor asfixiante parece anunciar el fuego de la guerra en el norte del país. Una sociedad secreta, los boxers, amenaza con acabar con todos los extranjeros de la región, ante la pasividad de la corte manchú y la incredulidad de las potencias occidentales. En Pekín, un español veterano de la guerra de Filipinas y el hijo de un comerciante inglés se ven envueltos en un extraño robo de antigüedades. Mientras tanto, un matrimonio de misioneros británicos sufre el horror de la guerra en una apartada aldea y un mandarín chino caído en desgracia tiene que aceptar una misión imposible al servicio de sus acérrimos enemigos de la corte imperial junto a un aterrador boxer de rostro deformado. Los destinos de estos personajes se cruzarán en una trepidante historia de aventuras, de lealtad y ambición, amor y traición, en aquel tórrido y sangriento verano de 1900, en el que el mundo entero contuvo el aliento con la vista puesta en China.

¿Qué nos ha gustado? 
- Documentación impecable: se nota, y mucho, los meses de trabajo que Yagüe ha invertido en esta novela. La meticulosidad con la que está construida la época y la fidelidad histórica demuestran que el autor no solo ha querido escribir un libro entretenido sino además fiel con el pasado.
- Diferentes perspectivas: David Yagüe fusiona en Los últimos días del imperio celeste distintas historias personales dentro de la trama. Esto ofrece al lector una perspectiva múltiple sobre el momento histórico en el que se desarrollan los acontecimientos y enriquece el argumento y la construcción de cada una de las figuras que intervienen en el libro.
- Un poco para todos: la trama de Los últimos días del imperio celeste ofrece al lector una mezcla de traiciones, lealtades, amores y misterios que confluyen en el libro de forma armoniosa y cuya simbiosis gustará a muchos tipos de lectores.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Exceso de detalle: en algunos capítulos, Los últimos días del imperio celeste peca de abundancia informativa. En un intento por contextualizar la época, el autor inserta unos pasajes demasiado extensos sobre la historia de China que pueden resultar monótonos para algunos lectores.

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