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Reseña: La Restauradora de Amanda Stevens

Amelia Gray tiene veintisiete años y desde los quince puede ver fantasmas. Heredó el don (o maldición) de su padre, y también a través de él supo las reglas que todo médium debe respetar para poder serlo y llevar una vida tranquila: no alejarse de los campos santos; ignorar la presencia de fantasmas a su alrededor, aunque quieran hacerse presentes; no relacionarse con personas a las que los espíritus acechan. Amelia se dedica a restaurar cementerios de valor histórico artístico y con ello cumple con una de las reglas que su padre le impuso en su momento también consigue llevarlas a rajatabla. Esto es, hasta que todo cambia. Un asesinato en uno de los cementerios en los que está trabajando la pone en contacto con un detective acechado.

¿Qué nos ha gustado? 
- Atmósfera gótica: la ambientación tétrica y fantasmagórica con la que Amanda Stevens envuelve los acontecimientos es uno de los grandes aciertos de la novela. La autora crea una escenografía única que recuerda en parte a los libros de estilo gótico y que, sin duda, supone todo un acierto para la trama.
- Creando suspense: La Restauradora es una novela en la que el misterio se convierte en el baluarte de la trama. La autora consigue dotar a los acontecimientos de una tensión creciente que empuja al lector a seguir leyendo y que nos arrastrará hasta el final sin dificultades.
- Romance dosificado: aunque no es algo dominante, Stevens inserta en la trama un importante componente romántico que unido al suspense crea una mezcla interesante en la novela. Eso sí. Nada de momentos edulcorados ni escenas de sexo constante.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Descubrimiento apresurado: el final de La Restauradora resulta un tanto forzado. El misterio que centra toda la novela se resuelve en apenas unas páginas, dejando al lector con la sensación de que la conclusión habría ganado más con unos capítulos adicionales.

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