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Reseña: La casa de la playa de Nora Roberts

Eli Landon, miembro de una respetable familia bostoniana y abogado de éxito, acaba de librarse de la acusación del asesinato de su esposa por falta de pruebas. Ahora es libre, pero las brutales y misteriosas circunstancias del crimen hacen que la sombra de la sospecha se cierna sobre él. Incapaz de volver a enfrentarse al mundo, decide instalarse en la propiedad de la costa de su abuela, deshabitada desde hace un par de meses. Aislado de curiosos y de impertinentes, creerá que ha encontrado el lugar idóneo para descansar hasta que se tope con Abra Walsh, la joven e insistente vecina a quien su abuela le ha encargado el mantenimiento de su propiedad y la recuperación anímica de su nieto.

¿Qué nos ha gustado? 
- Siempre Nora: La casa de la playa es una novela que sigue con bastante fidelidad el estilo clásico de Nora Roberts. Con una trama ligera y amena cargada de emociones fuertes, el último trabajo de la autora gustará seguramente a los aficionados de sus anteriores libros.

¿Qué no nos ha gustado?
- Empeorando hacia el final: en los últimos compases de la novela, La casa de la playa empieza a decaer. Los acontecimientos se vuelven más forzados y algunos de los giros son difíciles, por no decir imposibles, de creer.
- Material reciclado: los lectores que hayan seguido toda la trayectoria literaria de Roberts no tardarán en darse cuenta de que La casa de la playa tiene algunos detalles que recuerdan sospechosamente a novelas anteriores de la autora.
- Demasiado buena: los personajes de La casa de la playa no tienen la complejidad a la que acostumbran las figuras de Roberts. Tal vez el caso más claro es el de Abra cuya excesiva bondad y su personalidad perfecta no hacen convincente al personaje.

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