miércoles

Reseña: Constance de Patrick McGrath

La genial y hermosa Constance Schuyler vive sola en Manhattan a principios de 1960. En una fiesta de escritores, conoce a Sidney Klein, un profesor de poesía veinte años mayor que ella. Sidney es padre soltero con problemas económicos, y desde que la conociera, persigue a Constance sin cesar. De pronto, ella acepta su propuesta de matrimonio, y se muda con él a la oscuridad de su apartamento lleno de libros. Pero hay algo que tortura a Constance: los recuerdos de una infancia amarga e infeliz. Cuando por casualidad le llegan noticias de su vida pasada, su frágil mente sufre una profunda conmoción. Su matrimonio, que ya hacía aguas, amenaza con derrumbarse por completo. Asustada y desamparada, Constance toma una desastrosa decisión y observa cómo su mundo se desmorona rápidamente. Su único consuelo entonces será su amistad con el hijo de Sidney, un niño raro pero delicado, no muy diferente de la propia Constance.

¿Qué nos ha gustado? 
- Una protagonista cuestionada: Patrick McGrath ha sabido hacer de Constance un personaje difícil de catalogar pero que goza de una caracterización impecable. Egoísta, retorcida e incluso malvada, Constance es la figura más sobresaliente de la novela (la única digna de mención, de hecho) que consigue hacerse con el control de la trama y eclipsar al resto del elenco sin dificultades.
- Psicología a tope: el punto fuerte de Constance no es tanto su trama sino, más bien, el apartado interiorista. McGrath concede mucha importancia a la psicología de los personajes y retrata sus pensamientos, expectativas y sentimientos con una meticulosidad nada desdeñable.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Espera decepcionante: Constance puede suponer un pequeño fiasco para los lectores más enamorados del estilo McGrath. Carece de la profundidad de sus anteriores novelas y los personajes no están tan bien trabajados como cabría esperar.
- No busques correspondencia: aunque Constance es, sin lugar a dudas, el mejor personaje de la novela, resulta una figura con la que es difícil, por no decir imposible, sentirse identificado. Para aquellos lectores que prefieran una novela protagonizada por un personaje principal atractivo y cercano, el último trabajo de McGrath no es la mejor opción.

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