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Reseña: El consejero de Cormac McCarthy

El Consejero recuerda al mundo descarnado de No es país para viejos. En esta ocasión McCarthy nos presenta la historia de un respetado abogado convencido de que sus escarceos en el mundo de las drogas no tendrán ninguna consecuencia de largo alcance. Pero se equivoca, y nuestro protagonista tendrá que hacer algo más que un esfuerzo para salir airoso de la situación desesperada en la que se encuentra. 

¿Qué nos ha gustado? 
- Mundo complejo: Cormac McCarthy crea en El consejero un universo literario profundo y tridimensional, cargado de metáforas y dobles sentidos que tiene cierto toque filosófico pero que no llega a aburrir con largas reflexiones ni párrafos interioristas.
- Diálogos crípticos: lo mejor que tiene la prosa de El consejero son los diálogos. McCarthy consigue crear unas conversaciones ricas, muy bien trabajadas, que dicen aún más que la propia narrativa.
- Siguiendo la estela: El consejero se asemeja, en parte, a No es país para viejos. McCarthy juega con ingredientes parecidos: momentos de gran tensión y drama por doquier unidos a un trasfondo al que no le falta realismo y que nos acerca lo peor de la guerra del narcotráfico en México. Pero, al mismo tiempo, el autor consigue desligar ambas novelas de tal forma que no existe un autoplagio descarado. 

¿Qué no nos ha gustado? 
- Personajes menos logrados: en lo que sí que ha perdido fuerza McCarthy en El consejero es en el desarrollo de personajes. El elenco es menos atractivo que el de No es país para viejos y se echan en falta unas caracterizaciones más conseguidas.
 

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