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Reseña: Un caballero siempre es discreto de Juliana Gray

La delicada situación de lord Rolan d Penhallow, su mala reputación y ciertas acusaciones de traición, aconsejan que se retire un tiempo de la vida londinense. Para ello, Roland, su hermano y duque de Wallingford y el hombre de ciencia Phineas Burke se disponen a pasar un año en un castillo de la Toscana, renunciando a su habitual vida mundana y a cualquier relación amorosa, para centrarse en el trabajo y estudio. En una noche lluviosa, durante el trayecto, coincidirán en una posada con Elizabeth Harewood, Lilibet, ahora condesa de Somerton quien viaja acompañada de su hijo de cinco años, de lady Alexandra Morley y de su prima Abigail. Lord Roland enseguida reconocerá la voz de la mujer en la que no ha dejado de pensar ni un segundo desde la última vez que la vio, hace siete años.

¿Qué nos ha gustado?
- Una relación intensa y sufrida: a diferencia de la sencillez romántica que vimos en Una dama nunca miente, Juliana Gray crea en Un caballero siempre es discreto una relación amorosa entre Roland y Lilibet vibrante y sensual. Hay pasión, romance y, sobre todo, hay dificultades que ponen en jaque el amor de los dos protagonistas.
- Escenas cambiadas: aquellos lectores que ya leyeron Una dama nunca miente encontrarán algunas escenas repetidas en ambos libros. Gray aprovecha esta duplicidad para ofrecer una perspectiva diferente de las mismas, enriqueciendo así la historia y los personajes que participan en ellas.
- Calidad y humor: la prosa de Gray en Un caballero siempre es discreto es tan brillante como en Una dama nunca miente. De nuevo nos encontramos con un estilo efectivo y sentimental con el que Gray sabe sacar provecho a la historia y a los personajes.

¿Qué no nos ha gustado?
- ¡No corras!: aunque Un caballero siempre es discreto posee un ritmo constante y sostenido a lo largo de toda la trama, en los últimos compases, Gray olvida sus buenas formas y cierra el argumento a la carrera, demasiado rápido para dejar al lector saborear el momento.

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