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Reseña: Por si se va la luz de Lara Moreno

A un pueblo casi abandonado, situado en algún lugar de este país, llegan Martín y Nadia, una pareja de treintañeros urbanitas que han decidido romper con todo para intentar sobrevivir lejos del complejo sistema urbano y neoliberal en decadencia en el que se han convertido las ciudades. Ambos se enfrentan al pequeño pueblo como si hubiesen retrocedido un siglo: hay luz eléctrica y hay agua corriente, pero no mucho más. Desde hace mucho tiempo lo habitan tan solo tres personas. La llegada de los nuevos habitantes traerá luces y sombras a la comunidad, hasta llegar a un sorprendente final.

¿Qué nos ha gustado?
- Una vuelta a los orígenes: la llegada de Nadia y Martín al entorno rural al que huyen sirve de excusa a Lara Moreno para mostrar al lector lo mejor de la vida labriega. Un canto a los orígenes en el que se exalta los paisajes naturales y la vida sencilla por encima de las complejidades de la sociedad actual.
- Nexos de unión y de desunión: Por si se va la luz es una novela centrada, sobre todo, en las complejidades del alma humana. No es tanto una crítica social, aunque pueda parecerlo al principio, sino más bien un retrato magnífico del ser humano al que nos acercamos de forma íntima y sencilla.
- Distintas perspectivas: el hecho de que la novela esté narrada desde el punto de vista de todos los personajes es todo un acierto. Esta técnica nos permite sintonizar con todo el elenco por igual y, asimismo, comprender mejor las decisiones, sentimientos y esperanzas que cada uno de ellos encierra en su interior.

¿Qué no nos ha gustado?
- Pausado: Por si se va la luz es un libro lento, que se desarrolla con una parsimonia a veces excesiva, y que no apuesta en absoluto por el dinamismo narrativo en su trama.

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