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Reseña: Paris de Edward Rutherfurd

París se desarrolla a través de las historias de pasiones, lealtades divididas y secretos guardados durante años de personajes tanto ficticios como reales, con el escenario de esta gloriosa ciudad como fondo. De la construcción de Notre Dame a las peligrosas maquinaciones del cardenal Richelieu; de la resplandeciente corte de Versalles a la violencia de la Revolución francesa y las comunas parisinas; del hedonismo de la Belle Époque, cuando el movimiento impresionista alcanza su cénit, a la tragedia que supuso la Primera Guerra Mundial; de los escritores de la Generación Perdida de los años 1920 a los que se podía encontrar bebiendo en Les Deux Magots a la ocupación nazi, los luchadores de la Resistencia y la revuelta estudiantil de mayo de 1968? Un mosaico impresionante, sensual, arrebatador.

¿Qué nos ha gustado?
- La esencia de París: la gran diferencia entre Nueva York y París es que en esta última Edward Rutherfurd captura mejor el alma de la ciudad. Nos adentra en los ambientes típicos, en los platos más célebres y en los lugares que marcaron un antes y un después en la urbe. Un recorrido que desvela no solo la superficie sino también el corazón de la ciudad del amor.
- La reina: la verdadera y única protagonista de París es la propia ciudad que da nombre a la novela. Rutherfurd saca provecho a su historia y a su evolución hasta convertirla en un elemento clave de la novela, que alcanza incluso la categoría de figura narrativa.
- Buen contexto: en París no falta ni el detallismo ni el rigor histórico. Rutherfurd hace una muy buena labor contextualizadora, con la que demuestra un excelente trasfondo documental previo.

¿Qué no nos ha gustado? 
- Sin personajes: el elenco de París es insulso. Rutherfurd nos traslada de un personaje a otro con tanta rapidez que no nos da tiempo a empatizar con ninguno de ellos ni a sentir un mínimo de consideración por lo que les ocurre.

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