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Reseña: Para medir la marea de Alexander Maksik

En una isla turística en algún lugar del mar Egeo, Jacqueline, una joven liberiana, intenta sobrevivir, lo que se reduce a no morir de hambre y procurar seguir adelante después de haber conseguido escapar al horror del régimen de Charles Taylor. Construye su hogar en una cueva que da al mar y durante el día, se pasea por las playas soleadas ofreciendo masajes a los turistas -cinco minutos por un euro-, mientras intenta mantener un equilibrio entre su voluntad de vivir y la culpa del superviviente que la atenaza. Su orgullo, su pena y su miedo le impiden pedir ayuda, e incluso aceptar aquella que se le ofrece. Su mundo ha desaparecido y su corazón es un erial del que no sabe cómo salir.

¿Qué nos ha gustado?
- Manteniendo secretos encerrados: aunque la trama de Para medir la marea es bastante lineal, Alexander Maksik inserta unos toques de suspense para hacer que la historia sea más atractiva. El misterio que encierra parte de la vida presente de Jacqueline supone un aliciente inmejorable que asegura el interés del lector y hace que la trama sea más completa.
- En la oscuridad: como ya vimos en No te mereces nada, la prosa de Maksik es bastante oscura. Esto, sin embargo, no le resta efectividad a la novela puesto que el lector no tiene dificultad alguna en seguir las descripciones y los diálogos que el autor va insertando en la novela, en parte gracias a la sencillez que prima en ellas.
- Toque filosófico: Maksik es un autor bastante metafísico como ya demostró en No te mereces nada. En Para medir la marea apuesta de nuevo por la elevación y el lector se encontrará en más de un capítulo con párrafos que invitan a la reflexión sobre temas transcendentales.

¿Qué no nos ha gustado?
- Perdiéndose en el dolor: son demasiados los capítulos que Maksik inserta con monólogos internos de Jacqueline en los que la protagonista se recrea hasta la saciedad en su dolor y su pérdida.

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