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Reseña: Secretos de los muertos de Tom Harper

Algunos secretos deberían permanecer enterrados para siempre… Durante los últimos diez años Abby Cormac ha metido entre rejas a algunos de los peores criminales del mundo. Cuando cree que todo eso ya ha quedado atrás, un terrible suceso sacude su vida: en una lujosa villa del Adriático su novio Michael es asesinado y a ella se le da por muerta. Abby se promete a sí misma encontrar al asesino de Michael. Su investigación la llevará hasta uno de los malhechores más peligrosos de los Balcanes.

¿Qué nos ha gustado?
- La misma estructura: Tom Harper mantiene en Secretos de los muertos la misma disposición narrativa que vimos en sus dos anteriores novelas. Dos historias paralelas, situadas en el presente y en el pasado, respectivamente, que se van intercalando y sucediendo. Y, al igual que en las obras precedentes, Harper imprime a los cambios temporales fluidez y dinamismo, sin que se creen baches entre un plano y otro.
- Riqueza histórica: la parte de la trama correspondiente al pasado es bastante mejor que la del presente. Rica en detalles, con una contextualización pormenorizada y una trama más atractiva, el lector no tardará en sentirse más cómodo en esta línea argumental que en la paralela ambientada en el presente.

¿Qué no nos ha gustado?
- Poco realismo: la línea argumental del presente, de género más policíaco no consigue igualar ni en calidad ni en interés a la histórica. De hecho, en algunos puntos y resoluciones, se podría decir incluso que peca de irrealidad y las soluciones que Harper improvisa son demasiado forzadas para resultar creíbles.
- Diluyendo: a partir de la mitad de la novela, la trama de Secretos de los muertos, tanto la presente como la histórica, va perdiendo intensidad y atractivo. Todo el empuje inicial desaparece en la nada y los acontecimientos se vuelven un tanto monótonos.
- Muerto y resucitado: la habilidad con la que Harper prescinde y recupera a los personajes es un tanto incongruente. Los protagonistas aparecen y desaparecen de la trama sin una justificación sólida, algo que, desde luego, perjudica, y mucho, a la credibilidad del argumento.

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