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Reseña: Niceville de Carsten Stroud

Niceville es una pequeña ciudad del sur de EE.UU. dominada desde siempre por cuatro familias, entre las que existen profundos rencores, odios y deseos de venganza. Sin embargo, nada de esto parece repercutir en la tranquilidad y la belleza natural del lugar hasta que un día desaparece Rainey Teague, un niño de diez años perteneciente a una de estas familias. Cuando el policía Nick Kavanaugh investigue el caso descubrirá que, detrás de este caso, se esconden muchos misterios más que nos conducirán a un desenlace inesperado.

¿Qué nos ha gustado?
- Los secretos del pueblo: lo que realmente hace de Niceville una novela atractiva es la historia de secretos y mentiras que esconde la pequeña ciudad en la que se desarrollan los acontecimientos. La trama principal del robo del banco no eclipsa en ningún momento el trasfondo que Carsten Stroud construye tras este acontecimiento y que es el que consigue unir todas las tramas y subtramas del libro bajo un mismo marco común.

¿Qué no nos ha gustado?
- Me lo sé: aunque Stroud intenta dotar a la trama de un cierto halo de suspense, nunca consigue sorprendernos con ninguno de los giros que incorpora al argumento. En general, la historia es muy predecible y los lectores más acostumbrados al género no tardarán en prever el final del libro.
- Perdiéndote en la cantidad: en Niceville hay muchas tramas y subtramas entrelazadas. Demasiadas como para que el lector consiga seguir el ritmo de la novela y no perderse entre tanto acontecimientos secundario.
- Sin terminar: Stroud no acierta con la conclusión de la novela. El autor no cierra de forma efectiva todas y cada una de las líneas argumentales que va abriendo a lo largo de la novela y, al final, el lector tiene la sensación de que la obra queda incompleta en muchos puntos.
- Imagen ausente: también en parte como consecuencia del gran número de tramas, Niceville posee un elenco muy numeroso. Esto hace que Stroud no tenga tiempo ni espacio como para profundizar en la caracterización de los personajes lo suficiente y hacer de ellos figuras atractivas y cercanas con el lector.

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