miércoles

Reseña: La esperanza perfecta de Nora Roberts

Esperanza es la gerente del Hotel Boonsboro que Justine Montgomery y sus tres hijos, Beckett, Owen y Ryder, han restaurado con mucho esmero y buen gusto. Es la íntima amiga de Claire y Avery, y acaba de terminar una relación con Jonathan, el hijo del propietario del prestigioso hotel de Georgetown donde trabajaba antes. Estaba muy enamorada de él cuando le comunicó, sin previo aviso y total cinismo, su próximo matrimonio con una joven de clase alta. Ahora se ha volcado en su nuevo puesto, y nuevo hogar, y también en un trabajo de investigación: quiere averiguar quién era Lizzy, la joven enamorada cuyo fantasma se pasea por el hotel, dejando tras de sí un intenso olor a madreselva. Esperanza está feliz en Innsboro, feliz de haber dejado atrás su desgraciada historia con Jonathan, y encantada con su nuevo puesto y la compañía de sus dos amigas; pero algo falta en su vida... y los hermanos Montgomery son tres.

¿Qué nos ha gustado?
- Atando cabos: con La esperanza perfecta, Nora Roberts cierra con bastante acierto la trilogía que inició con Siempre hay un mañana. No quedan preguntas en el aire ni respuestas incoherentes y la historia que se ha ido desarrollando a lo largo de tres novelas concluye con contundencia y efectividad.

¿Qué no nos ha gustado?
- Dándole vueltas a lo mismo: la trama de La esperanza perfecta resulta muy redundante en algunos momentos. Roberts repasa una y otra vez ciertos acontecimientos irrelevantes (véase por ejemplo las vueltas y más vueltas que la autora le da al beso de Esperanza y Ryder) hasta aburrirnos, deteniendo con ello el fluir de la trama y el dinamismo de los acontecimientos.
- En suspenso: La esperanza perfecta posee el mismo defecto que ya vimos en su antecesora, El primer y último amor. Casi no sucede nada en el libro y a veces da la impresión de que los personajes no se mueven ni en una dirección ni en otra.
- Menos pasión: en las últimas novelas de Roberts se ha ido perdiendo gran parte de la intensidad romántica que siempre ha caracterizado los libros de esta autora. La esperanza perfecta no es menos y los encuentros amorosos de Esperanza y Ryder carecen por completo de la fuerza pasional de antaño.

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