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Reseña: La salida más cercana de Olen Steinhauer

Tras una estancia en la cárcel por fraude, Milo Weaver vuelve a la acción como agente del operativo más clandestino de la CIA. Su nueva misión consistirá en descubrir a un topo infiltrado en los servicios secretos. Pero en la agencia nadie se fía de nadie y su propia lealtad está en cuestión, por lo que antes de asumir esta misión deberá demostrar su fidelidad a sus superiores acometiendo una serie de encargos que le llevarán al límite de su equilibrio mental. La búsqueda del traidor entre sus propios compañeros acabará haciéndole dudar del sentido último de un trabajo que le obliga a moverse permanentemente en los difusos límites entre la lealtad y la traición, la honestidad y el engaño, la verdad y la mentira.

¿Qué nos ha gustado?
- Como los de antes: Olen Steinhauer sigue en La salida más cercana la línea de los grandes maestros de las novelas de espionaje como John Le Carre o Len Deighton al presentar una trama compleja, muy bien pensada y cargada de giros imprevistos que mantiene un ritmo trepidante perfecto para encandilar a los lectores más acérrimos de este género.
- Un giro adicional a los personajes: Steinhauer aprovecha esta segunda novela para profundizar más en las personalidades de los diferentes personajes. Esta mejora en la caracterización se aprecia sobre todo en el personaje de Milo que resulta más real y vulnerable que en El turista.
- Una demostración de poder narrativo: el inicio de La salida más cercana es sencillamente espectacular. Steinhauer derrocha ingenio y habilidad y construye un punto de partida inmejorable que retoma el final de El turista pero con mayor intensidad si cabe.

¿Qué no nos ha gustado?
- Perdiendo fuerza: hacia la mitad de la novela Steinhauer inserta varios capítulos de relleno que son innecesarios y que lo único que consiguen es ralentizar la historia y aburrir al lector con un material sobrado y fuera de lugar.
- Sin llegar a la misma altura: aunque es cierto que La salida más cercana es una novela de espías bien trabajada, no llega a alcanzar la calidad de su predecesora, El turista, en la que Steinhauer demostró más y mejor sus dotes como escritor y su habilidad para construir una trama sin mácula.

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