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Reseña: Un verano que nunca volverá de Judith Kinghorn

En el verano de 1914 la inocencia de la joven Clarissa Granville está a punto de llegar a su fin. Criada en el lujoso y confortable ambiente de la aristocracia inglesa, Clarissa ha sido bendecida con la abundancia y la felicidad. En vísperas de su decimoséptimo cumpleaños, la propiedad rural de la familia se engalana para celebrar una excitante fiesta. Y es allí, en el escenario de sus juegos de niñez, donde Clarissa ve por primera vez a Tom Cuthberth, el hijo de la ama de llaves. Apuesto, enigmático… y plebeyo, Tom es un hombre decidido a conseguir lo que quiere, y lo que quiere, en el mismo momento en que sus ojos se cruzan con los de ella, es a Clarissa.

¿Qué nos ha gustado?
- Declaración de estilo: siendo una novela debut, lo que más sorprende de Un verano que nunca volverá es la preciosa prosa que tiene Judith Kinghorn. La autora conjuga los adjetivos y los verbos de tal forma que su narrativa se convierte en un despliegue de estilo y vocación. Especialmente destacadas son las descripciones, minuciosamente creadas para que el lector se sumerja en las profundidades de paisajes y personajes con una facilidad asombrosa.
- Madurando: Clarissa es, sin duda, la figura más destacada de la novela. No solo es la que más tridimensionalidad posee sino que, además, es el personaje más perfecto en cuanto a evolución narrativa. Su personalidad cambia de forma paulatina, pasando de ser una niña inocente a una mujer decidida y feminista que no duda en luchar por sus derechos.
- Diferencias sociales: el trasfondo histórico de Un verano que nunca volverá está bastante bien trabajado y las circunstancias políticas se entremezclan con la trama de una manera muy sencilla y amena. Pero es realmente en el contexto social donde la autora demuestra todo su potencial. Kinghorn plasma de una forma inmejorable las diferencias sociales, tanto de clase como de género, propias de la época, haciendo de la trama un retrato social documentado y riguroso.
- No te desanimes por el aspecto: Un verano que nunca volverá es una de esas novelas que puede desinflar las ganas de lectura por su considerable extensión. No obstante, las casi 500 páginas de la obra son muy dinámicas por lo que la lectura es más amena de lo que puede aparentar.

¿Qué no nos ha gustado?
- Errores: algunos de los acontecimientos de Un verano que nunca volverá están mal formulados y peor expuestos por parte de Kinghorn. Faltan muchas explicaciones sobre ciertos detalles que la autora pasa de largo y que hacen que, en algunos puntos, la historia resulte poco plausible. El amor repentino de Clarissa y Tom es solo un ejemplo de esto al igual que la repentina transformación de la protagonista tras la guerra.

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