jueves

Reseña: Tú, hoy y siempre de Laurie Frankel

Sam desarrolla un programa informático que permite encontrar a tu media naranja y así es como conoce a Meredith, que se convierte en el amor de su vida. Cuando inesperadamente fallece la abuela de Meredith, Sam hará todo lo que pueda para consolarla, incluso idear un programa a través del cual se puede hablar con los muertos con el fin de poder decirles adiós. Pero un día Sam sufrirá la más terrible de las pérdidas y deberá enfrentarse a su propia creación…

¿Qué nos ha gustado?
- Dos centros: de todo el elenco de personajes, Sam y Meredith son, sin duda, las figuras estrella. Laurie Frankel hace una labor de caracterización realmente espectacular con estos dos personajes y les dota de una personalidad muy bien trabajada con la que el lector no tarda en conectar.
- Ritmo perfecto: Tú, hoy y siempre está estructurada en tres partes muy bien diferenciadas a través de las cuales Frankel aborda un periodo de tiempo bastante amplio en la vida de los protagonistas. Pero, a pesar de que ello, el lector nunca tiene la sensación de que la autora excede sus posibilidades o condensa demasiada la historia. Todo se desarrolla con el dinamismo adecuado para no aburrir ni agobiar al lector con un exceso de datos y hechos.
- Amargo y dulce: en Tú, hoy y siempre se combinan a partes iguales momentos llenos de humor y otros tantos en los que es mejor tener cerca un pañuelo, por si acaso. Lo mejor de esta mezcla es que Frankel sabe explotar las posibilidades de ambas situaciones con la misma intensidad.

¿Qué nos ha gustado?
- Conversando en exceso: si algo le sobra a Tú, hoy y siempre son los diálogos. Sobre todo al principio, Frankel inserta tantas conversaciones entre los personajes que el lector puede acabar un tanto sobrepasado por esta repetitiva estructura de coloquios interminables entrelazados que parece no tener fin.
- No bajes el listón: después de una trama consistente y emocional, Tú, hoy y siempre pierde gran parte de su fuerza narrativa en los últimos compases de la novela. El final es bastante superficial, carente por completo de la intensidad que sí tiene el resto de la trama y un poco decepcionante en cuanto a resolución conclusiva.

Artículos relacionados
Los tatuajes no se borran con láser de Carlos Montero
El insólito peregrinaje de Harold Fry de Rachel Joyce
No somos los únicos que llevamos este estúpido apellido de Aude Murail
Las ventajas de ser un marginado de Stephen Chbosky

0 comentarios :

Publicar un comentario