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Reseña: Las lágrimas de San Lorenzo de Julio Llamazares

Un profesor de universidad que ha rodado por Europa como una bola del desierto sin echar raíces en ningún lugar regresa a Ibiza, donde pasó sus mejores años de joven, para asistir junto con su hijo a la lluvia de estrellas de la mágica noche de san Lorenzo. La contemplación del cielo, el olor del campo y del mar y el recuerdo de los amigos perdidos desatan en él la melancolía, pero también la imaginación. Como ya lo hiciera en La lluvia amarilla con celebrada maestría, Llamazares vuelve a usar un lenguaje preciso y poderoso para dibujar una atmósfera poética a través de la cual la voz de narrador evoca y cuenta los pormenores de una existencia vivida con reflexión y emoción a un tiempo.

¿Qué nos ha gustado?
- Bellísima prosa: en Las lágrimas de San Lorenzo, Julio Llamazares vuelve a deleitarnos con esa narrativa suya tan preciosa que consigue arrancar a las palabras sentimientos cargados de fuerza. Descripciones cuidadas y precisas, diálogos en los que no falta ni sobra una coma y una exquisita elección del lenguaje que demuestra el amor del autor por la literatura.
- Disfruta con lentitud: Las lágrimas de San Lorenzo es una novela para saborear despacio, sin las prisas de un viaje en transporte público ni el estrés de una tarde de lectura rápida. Es un libro para disfrutarlo, con una trama contemplativa que no tiene escenas de acción trepidantes pero sí muchas páginas para saborear y paladear a fuego lento.
- La belleza escondida de Ibiza: Llamazares nos muestra en Las lágrimas de San Lorenzo una visión preciosista de Ibiza, a través de la cual el autor conduce al lector a través de parajes olvidados y escondites alejados del bullicio de las discotecas. Un recorrido paisajístico, pulido desde el punto de vista estilístico y maravilloso desde el sensorial, que parece estar pensado para hacernos disfrutar de lo mejor de la isla balear.

¿Qué no nos ha gustado?
- Recuperando viejos temas: Las lágrimas de San Lorenzo mantiene una cierta similitud temática con una de las novelas estrella de Llamazares: La lluvia amarilla. En ambos libros, el autor incide sobre temas muy parecidos, como la memoria o el fluir del tiempo, creando un cierto paralelismo de repetición entre una y otra.

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