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Reseña: La guerra más fría de Ian Tregillis

Durante décadas, los brujos británicos han sido lo único que se interponía entre el Imperio Británico y la Unión Soviética, que ahora se extiende desde el océano Pacífico hasta el Canal de la Mancha. Pero una serie de asesinatos está diezmando sus filas y la seguridad nacional del país se ve día a día más comprometida. Mientras tanto, dos hermanos —víctimas en su día de un retorcido experimento nazi para dotar de superpoderes a simples mortales— escapan de su cautiverio más allá del Telón de Acero en dirección a Inglaterra. Allí les espera Gretel, una poderosa clarividente. Esta novela forma parte de la trilogía El tríptico de Milkweed.

¿Qué nos ha gustado?
- Recuperando la historia: como continuación de Semillas amargas, La guerra más fría retoma la trama de su predecesora veinte años después de la conclusión de ésta, sin que se aprecie ningún error de conexión entre ambas. Muchas de las preguntas que quedaron en el aire en Semillas amargas encuentran su respuesta en esta nueva novela y el lector podrá ir cubriendo las lagunas argumentales de forma más efectiva.
- Misma fórmula: desde el punto de vista de la estructura, Semillas amargas y La guerra más fría son muy parecidas. Fuerte suspense político con tintes de thriller militar e intensas dosis de acción para aderezar la vida de los protagonistas. Una combinación que ya resultó atractiva en Semillas amargas y que en La guerra más fría vuelve a ser igualmente interesante.
- Repitiendo personajes: en La guerra más fría, Ian Tregillis recupera al trío de protagonistas que ya apareció en Semillas amargas aunque, en esta ocasión, envolviéndoles de una importancia creciente dentro de la trama. El autor concentra aún más la atención en los personajes, ahondando de manera más exhaustiva en sus conciencias y ofreciendo una visión más compleja de sus respectivas personalidades.
- Una conclusión perfecta: el final de La guerra más fría es bastante mejor de lo que fue el de Semillas amargas. Tregillis cierra la novela con la suficiente contundencia como para que la trama concluya sin preguntas sin resolver pero, al mismo tiempo, dotando al final de un suspense inmejorable que despierta el interés del lector por la tercera novela de la saga.

¿Qué no nos ha gustado?
- Oscureciendo la trama: la gran diferencia entre Semillas amargas y La guerra más fría es el tono imperante en ambas novelas. En esta segunda obra, Tregillis imprime un carácter más dramático a la trama lo que hace que, en ocasiones, la historia resulte demasiado depresiva y oscura, opuesta al estilo dinámico y ligero de su antecesora.

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