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Reseña: La chica zombie Laura Fernández

Erin Fancher tiene dieciséis años. Una mañana, al despertar, descubre horrorizada que su cuerpo no es el que era: todo indica que… ¡está muerta! Erin tiene que seguir yendo a clase y, como huele mal porque se está pudriendo, su mejor amiga, Shirley Perenchio, La Chica Más Popular del Instituto, no quiere saber nada de ella. ¿Está siendo Erin Fancher realmente devorada por gusanos o lo que le ocurre es sólo producto de la terrible y brutal imaginación adolescente? La chica zombie es una divertida novela sobre la dureza de la adolescencia, pero es también una historia sobre lo complicado que resulta ser uno mismo.

¿Qué nos ha gustado?
- La adolescencia zombie: el gran acierto de La chica zombie es el simbolismo que encierra la trama de la novela. Laura Fernández convierte una figura a medio camino entre lo sobrenatural y la fantasía como son los zombies en una preciosa metáfora sobre la adolescencia, sobre esos años difíciles que anteceden la llegada de la madurez. Una novela muy metafórica, recomendable para aquellos lectores que quieran rememorar sus años más rebeldes.
- Americanizándonos: el estilo narrativo de Fernández es claro, conciso y universal, sin circunloquios de ningún tipo y directo al meollo de la cuestión. Recuerda bastante a la prosa desinhiba de los autores anglosajones aunque no pierde, en el intento, el cuidado estilístico ni la correcta elección del lenguaje.
- Humor zombie: la ironía de algunos personajes y, sobre todo, el sarcasmo que Fernández imprime a los diálogos hacen de La chica zombie una novela muy divertida, con la que es muy fácil soltar mas de una carcajada sin dificultad y que nos resultará perfecta para descargar las tensiones acumuladas durante el día.

¿Qué no nos ha gustado?
- Entorno manido: el escenario de La chica zombie, ubicado en un pueblo imaginario con cierto parecido al ambiente contemporáneo norteamericano, resulta poco original. El uso de clichés ambientales es constante y la autora no utiliza ningún recurso escenográfico que pueda sorprender ni explotar al máximo las posibilidades ambientales.

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