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Reseña: El hombre que dijo adiós de Anne Tyler

«Lo que más me sorprendió del retorno de mi esposa desde el pa ís de los muertos fue la reacci ón de los demás.» Así comienza esta curiosa novela: Aaron Woolcott pasea por Baltimore con el fantasma de su esposa, muerta poco antes sepultada bajo un árbol. Su vida transcurre desde ese momento entre su trabajo en la editorial y la supervisión de las obras publicadas. Al poco tiempo de su muerte, el fantasma de Dorothy aparece en los lugares más insospechados. Si bien la situación llega a ser cómica, descubrimos que en realidad nunca fueron felices. Ahora tendrán la oportunidad de hablar sobre ello y ajustar cuentas con el pasado.

¿Qué nos ha gustado?
- Cambiando y evolucionando: si en algo se aprecia que El hombre que dijo adiós es una obra salida de la mente y las manos de Anne Tyler es en los personajes. Como viene siendo habitual en sus trabajos, la autora nos presenta un elenco evolutivo, que va adaptándose y cambiando conforme se desarrollan los acontecimientos. No hay una sola figura que permanezca igual desde el principio, aunque es en el protagonista donde más se aprecia este perfeccionamiento narrativo.
- Condensando lo esencial: El hombre que dijo adiós es un libro muy corto, casi una novella, que se lee en poco tiempo pero que deja un regusto muy agradable en el paladar literario del lector. Tyler sabe condensar lo esencial de toda obra narrativa en apenas 224 páginas, dotando al libro de una extensión reducida, dinámica y cómoda, que no se pierde en largos circunloquios y que va a lo esencial.
- Jugando al sarcasmo: Tyler imprime a su tradicional estilo un giro más irónico y punzante de lo normal. Esto se aprecia sobre todo en los diálogos que, aunque no pierden realismo, están imbuidos de un sarcástico carácter que ofrece a la narrativa de Tyler algo más de humor seco del que había en sus novelas precedentes.

¿Qué no nos ha gustado?
- Falta de realismo: poco antes de llegar a la mitad de la novela, el lector empieza a percibir un cierto grado de irrealidad en la trama. La edad de alguno de los personajes no concuerda en absoluto con su forma de actuar, como es el caso de Peggy, el papel que desempeñan las secretarias en la trama resulta del todo idealizada, y el éxito absoluto del pequeño periódico local que ponen en marcha los protagonistas está poco adaptado a la situación de crisis que están sufriendo los medios de papel.
- Sin llegar al máximo: aunque si bien es cierto que la perfección en las caracterizaciones recuerda bastante a la mejor Tyler, El hombre que dijo adiós no es, ni mucho menos, la novela estrella de la autora. Falta bastante profundidad a la trama y el lector no consigue adentrarse en el sufrimiento personal de Aaron lo suficiente como para sentirlo suyo. Algo que sí ocurrió, por el contrario, en Reunión en el restaurante nostalgia.

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