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Reseña: Atomka de Franck Thilliez

A pocos días de Navidad, un suceso de gran envergadura irrumpe en las vidas de Lucie Hennebelle y Franck Sharko, policías de la famosa sección criminal del número 36 del Quai des Orfèvres. Aparece el cadáver de Christophe Gamblin, periodista de sucesos, encerrado en el congelador de su casa y su compañera desaparece mientras llevaba a cabo una serie de entrevistas sobre un caso explosivo del que nadie conoce los detalles. La única huella que parece haber dejado es su nombre garabateado en un papel que conserva un niño vagabundo y muy enfermo.

¿Qué nos ha gustado?
- El mejor Thilliez: después de leer El ángel rojo, ya conocíamos el potencial de Franck Thilliez como escritor. Sin embargo, con Atomka el autor francés vuelve a demostrar que es, sin lugar a dudas, uno de los puntos de referencia en el panorama de la novela negra europea. Su estilo y su habilidad para construir el suspense dentro de la trama no tiene nada que envidiar al de los grandes nombres de la literatura nórdica y la coherencia del argumento en este último trabajo supera incluso la calidad que demostró con El síndrome E. Una novela que sitúa a Thilliez en el podium de los autores de misterio actuales.
- Conociendo a Sharko: los misteriosos mensajes que recibe Sharko a lo largo de la trama van desgranando poco a poco el pasado de este personaje, que resulta, por otro lado, más cercano y carismático que en anteriores novelas. Los flashbacks que Thilliez inserta, intercalados con los casos de asesinato que centran la trama, rompen de una forma natural y poco forzada la investigación y arrojan mucha luz sobre una figura que va ganando en profundidad con cada novela que pasa.
- Complejidad argumental: Atomka es, hasta la fecha, la novela más compleja escrita por Thilliez. La trama está integrada por varias líneas paralelas que se mezclan y separan conforme la historia va avanzando, complicándose más y más con cada página que pasa. Thilliez mantiene todo este embrollo argumental bajo control desde el principio hasta conformar un enorme puzzle, coherente y sin fisuras, en el que todas las piezas juegan un papel esencial.
- Rapidez asegurada: Atomka es una novela más dinámica que Gataca pero sin llegar al extremo de acción desenfrenada de El síndrome E. Thilliez vuelve a recurrir a una prosa concisa y fluida, con la que mantiene el suspense de forma constante, y a unos giros imprevistos que difícilmente pueden preverse con antelación y que aportan más intriga a la historia.

¿Qué no nos ha gustado?
- Perdemos los escenarios: como viene siendo habitual en las novelas de Thilliez, los escenarios de Atomka no quedan circunscritos a los límites de París y, en esta ocasión, Lucie y Sharko tendrán que trasladarse a EE.UU. y a Rusia para continuar su investigación. No obstante, la importancia de los entornos es menor en esta última novela y las descripciones ambientales pierden eficacia y colorido a favor de la acción. Los escenarios no resultan tan brillantes como lo fueron en Gataca ni en El síndrome E, donde los ambientes formaban parte de la trama de una manera más simbiótica.

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