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Reseña: Siete años para pecar de Sylvia Day

Un joven se ve obligado a vender su cuerpo a cambio de dinero. Una muchacha discreta y recatada es testigo del lujurioso acto. Siete años más tarde, estas almas atormentadas se encuentran para calmar una atracción irresistible... Juntos descubrirán que hay placeres por los que vale la pena esperar.

¿Qué nos ha gustado?
- Superando los problemas personales: en Siete años para pecar, Sylvia Day imprime en los dos protagonistas principales una profundidad y un pasado que eras inexistentes en las personajes de No te escondo nada, aunque sí empezó a perfilarse en Reflejada en ti . Son dos figuras que esconden tras de sí sus propias problemáticas particulares, lo que aporta un grado de complejidad a la obra de la que carecieron sus predecesoras.
- Dándose segundas oportunidades: Siete años para pecar es una novela que más que ser una obra romántica pura y dura es un libro sobre el perdón y la reconciliación, sobre las segundas oportunidades, en definitiva. Day aprovecha la relación amorosa-sexual de los protagonistas para mostrar al lector el trasfondo psicológico y personal que poseen estos dos sentimientos, con una visión bastante bien conducida.
- La claridad de siempre: Day tiene una forma de escribir muy clara, caracterizada por la concisión y la concreción. La autora describe las escenas intimas, con toda la fuerza de la pasión pero utilizando para ello un lenguaje muy bien escogido, en el que no hay interminables descripciones pero sí las palabras justas para que el lector entienda todo a la perfección.
- Secundaria principal: en parte por lo estereotipado y lo trillado de la imagen que arrastran los protagonistas de Siete años para pecar, los personajes secundarios resultan más interesantes que estos. Al final, cansados de tantas escenas de sexo, buscaremos en Hester, por ejemplo, algo que no aportan ni la protagonista ni su enamorado.

¿Qué no nos ha gustado?
- Mas allá del sexo... Nada: para quien busque una novela con un argumento sólido, Siete años para pecar no es la mejor opción. Day está tan preocupada por enseñarnos todas las posturas sexuales que son capaces de adoptar los protagonistas que no presta atención a la historia que les rodea. De hecho, si analizamos el argumento únicamente, Siete años para pecar no cuenta nada, más allá de los encuentros apasionados de los dos protagonistas.

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