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Reseña: Circo de fantasmas de Bárbara Ewing

El Nueva York de mediados del siglo XIX es una ciudad fascinante, insolente y joven, donde abunda el dinero fresco, gentes llegadas de medio mundo e ideas innovadoras como el telégrafo, el daguerrotipo, la anestesia, el espiritismo, el ocultismo o las mesas parlantes. En el circo de Silas P. Swift se ocultan una madre y su hija —Cordelia y Gwenlliam Preston—, y allí tratan de encontrar consuelo para sus corazones heridos mientras provocan el entusiasmo del público en la Gran Carpa: Cordelia es una oscura mesmerista con poderes curativos; y su hija Gwenlliam, una aplaudida acróbata y funambulista. Pero en Londres el viejo y depravado duque Llannefydd, víctima del resentimiento y de la bilis que lo ahoga, está dispuesto a pagar diez mil libras a quien asesine a Cordelia y secuestre a su hija. De forma inesperada e irremisible, las dos mujeres se verán mezcladas con las bandas de Nueva York y el departamento de policía.

¿Qué no nos ha gustado?
- Un paso adelante: La hipnotizadora, la anterior novela de Bárbara Ewing, fue, sin duda, una de las grandes sorpresas editoriales del pasado año 2012 y tanto sus personajes como su trama nos sorprendió gratamente. Circo de fantasmas es, en realidad, la continuación de este libro aunque hay que reconocer que Ewing ha dado un enorme salto de calidad con respecto a su predecesora. La autora recupera muchos de los personajes que vimos en la anterior novela pero nos presenta una trama aún más sólida y entretenida que encantará a aquellos que no terminaron de conectar con La hipnotizadora.
- La pasión neoyorquina: Nueva York es un escenario inmejorable en Circo de fantasmas que contrasta con aquel Londres victoriano que rodeaba la trama de La hipnotizadora, tanto en colorido como en vitalidad. Ewing reconstruye la ciudad de los rascacielos con todos los esplendores y miserias de los años 40, adentrándonos en las bulliciosas calles de la creciente urbe, en sus locales de moda y en el mundo oscuro de estos años con absoluto rigor. Una vez más, la capacidad de Ewing para recrear tiempos pasados consigue trasladarnos a este Nueva York sin esfuerzo alguno.
- El mundo escondido del circo: a través de Cordelia y su espectáculo de mesmerismo, Ewing va mostrando al lector todos los entresijos del mundo circense, mejor aún de lo que ya hizo Sara Gruen en Agua para elefantes. La vida que se seguía detrás de las carpas, la comunidad cerrada y fraternal que se creaba entre los distintos miembros de la compañía y el trabajo de todos ellos, sintetizado con ternura por la autora.
- Carteándonos con Londres: un detalle que se agradece en Circo de fantasmas es la inclusión de cartas entre los personajes de Nueva york y aquellos de La hipnotizadora que quedan en Londres. Este intercambio de correspondencia permite al lector seguir la historia que se desarrolla ahora en Nueva York pero sin olvidar los acontecimientos pasados, de tal forma que los lectores de La hipnotizadora no perderán el contacto con figuras como el duque, enemigo acérrimo de Codelia en la anterior novela.

¿Qué no nos ha gustado?
- Sobrepasado por los detalles: Ewing hace alarde en Circo de fantasmas de un gran caudal de información histórica sobre los años 40 en los que se desarrolla la trama de la novela y no deja de demostrarlo introduciendo un sinfín de detalles sobre la época. Aunque este gusto por los detalles se agradece, en algunas ocasiones el lector puede sentirse un tanto intimidado por la vasta extensión de pormenores históricos que pueblan la novela.

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