miércoles

Reseña: Naturaleza salvaje de Megan Sheperd

La vida de Juliet Moreau en la lóbrega ciudad de Londres del siglo XIX está envuelta en la tristeza. Trabaja sin cesar mientras trata de no pensar en el escándalo que le arruinó la vida. Al fin y al cabo, nadie ha logrado demostrar que los rumores que corren sobre los truculentos experimentos de su padre fueran ciertos. Sin embargo, cuando descubre que él pudo haberla abandonado y desaparecido para seguir ejerciendo su trabajo en una isla tropical remota, decide averiguar si las sospechas que le arruinaron la vida son verdad o mentira. Acompañada por Montgomery, el atractivo y joven asistente de su padre, y por Edward, un enigmático náufrago, se dirige al lugar en el que quizá encuentre las respuestas que anhela.

¿Qué nos ha gustado?
- Ambientación tétrica: Megan Sheperd recupera en Naturaleza salvaje unos escenarios que bien podrían haber salido de Frankstein de Mary Shelley. Los simbolismos góticos, las atmósferas mágicas a medio camino entre lo tétrico y lo oscuro y, por supuesto, los entornos románticos tan característicos del siglo XIX, sirven como un trasfondo inmejorable a la novela, enmarcándola en el género más arraigado de la literatura gótica-romántica.
- Recuperando pinceladas de un clásico: aquellos lectores que hayan leído La isla del doctor Moreau no tardarán demasiado en percibir las claras similitudes que existen entre la novela de Herbert George Wells y la de Sheperd. La autora recupera algunos de los componentes de esta obra, rehaciéndolos y renovándolos, pero sin que de la impresión de que la obra es un remix extraño de componentes viejos y nuevos.
- Descripciones misteriosas: uno de los principales aciertos de la prosa de Sheperd en Naturaleza salvaje es la habilidad de la autora para describir los entornos –sobre todo la isla en la que se desarolla la mayor parte de la historia– con concreción, sin exceso de detallismo, pero conservando de forma perfecta el auras de misterio y tensión que parece envolverlo todo siempre.

¿Qué no nos ha gustado?
- Adentrándonos despacio en la isla: una vez que Juliet llega a la isla, el ritmo relativamente rápido de la novela se detiene en seco. La trama parece quedar suspendida en una serie de acontecimientos en los que realmente no ocurre nada importante, pero sobre los que Sheperd incide de forma reiterativa. Por suerte, pasada la mitad de la novela, la autora recupera el ritmo del principio; algo de agradecer para quienes consigan franquear las partes más lentas del libro.
- Del valor a la inconsistencia: Juliet es un personaje extraño, al que llegaremos a querer profundamente y a odiar con la misma intensidad. Cuando empieza la obra, la protagonista de Naturaleza salvaje resulta una figura muy carismática, fuerte y decidida. Pero tras el encuentro con su padre, su personalidad se vuelve menos sólida, demasiado obsesionada con recuperar el amor de su progenitor y carente por completo de la evolución que cabría esperar de ella.

Artículos relacionados
Diario de una mariposa nocturna de Rachel Klein
El vals lento de las tortugas de Katherine Pancol
El fin de los días de Adam Nevill
El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares de Ransom Riggs

0 comentarios :

Publicar un comentario